Universidad Socialista del
Pueblo
Mérida (Venezuela)
Creada
en Mérida, La Universidad Socialista del Pueblo
Por:
Los
Fundadores & El Pueblo
Fecha de publicación: 09/02/07
Universidad
Socialista del
Pueblo
(UNIVER-SO)
Mérida-Venezuela

Profesor Franz Lee recibe la Orden
Tulio Febres Cordero en su primera clase
(The State Mérida honours Franz J. T. Lee with the 'Tulio
Febres Corder' Medal in its First Degree)
Mérida, 23
de abril de 2008.
(Jesús Nery)- En
el marco de la sesión especial con motivo del Día Internacional del
Libro y del Idioma Castellano celebrada por el Consejo Legislativo del
Estado Mérida fue impuesta la Orden Tulio Febres Cordero en su primera
clase al Profesor Franz J. T. Lee, famoso luchador sudafricano
anti-Apartheid, quien desde el año 1979 viene impartiendo sus profundos
conocimientos en las cátedras de pre y post-grado de la Escuela de
Ciencias Políticas de la Universidad de Los Andes y escribiendo libros
sobre Venezuela y su revolución bolivariana.

Momento
en que
el Dr. Lee recibe la Orden de
manos del presidente del CLEM
La
máxima distinción que otorga el estado Mérida a ciudadanos venezolanos
y extranjeros destacados esta vez fue para este incansable escritor y
agudo analista político, quien ha escrito cuatro libros sobre Venezuela
y la revolución bolivariana en los últimos tres años, como su más
reciente contribución al estudio de las realidades políticas,
económicas y sociales de los pueblos oprimidos del mundo, pues desde
hace más de cuarenta años ha sido la voz cantante de denuncia primero
contra las injusticias cometidas por el odioso régimen del Apartheid en
su natal Sudáfrica, y luego contra las atrocidades del neocolonialismo
europeo en toda África y actualmente contra el peligro de extinción que
corre la humanidad y de destrucción de todo el planeta Tierra por parte
de la llamada "Globalización", encabezada por los Estados Unidos de
América.

En
el mismo acto solemne fueron reconocidas diversas personas que también
han contribuido con la divulgación del saber científico, literario y
cultural en nuestra entidad andina, entre ellas el Señor Humberto
Martínez, director de la Imprenta del Estado Mérida (IMMECA), quien
recibió la recientemente creada Orden Giandoménico Puliti en su primera
clase, por su excelente labor en la publicación de obras que abarcan
diversos temas de interés para el cada vez más ávido pueblo lector
venezolano. Cabe destacar que IMMECA es la casa editorial de las
mencionadas obras del Profesor Franz Lee, las cuales están siendo
distribuidas ampliamente en todo el territorio nacional y han recibido
una calurosa acogida.

A
dicho acto asistieron además de la directiva del CLEM, encabezada por
el diputado Freddy Terán, los demás legisladores integrantes de la
cámara; Javier Spacca, presidente del Ibime; el Licenciado Francisco
Solórzano, Secretario General de Gobierno, en representación del
Gobernador del estado Mérida, Florencio Porras; el Mayor Luis Alberto
Porras, Comandante del Cuerpo de Bomberos del estado Mérida;
representantes de los demás poderes públicos del estado, directores de
organismos nacionales, invitados especiales y medios de comunicación
regionales.

Franz
Lee y
Humberto Martínez
Luego
de recibir la Orden de manos del presidente del CLEM, el Profesor Lee
expresó en su discurso de orden, antes que nada, su profundo
agradecimiento al Presidente de la República Hugo Chávez Frías por su
"Por ahora", su gloria y su victoria, gracias a los cuales, según sus
palabras, ha sido posible que él estuviera presente en dicha sesión
recibiendo este reconocimiento.
Seguidamente agradeció al
parlamento regional en la persona de su presidente el diputado Freddy
Terán, a su camarada y amigo Humberto Martínez por darle la oportunidad
de publicar sus libros, "muy necesarios para la revolución
bolivariana", y a su "mano izquierda", su compañera de vida y esposa
Jutta Schmitt, "quien verdaderamente merece la Orden ya que sin ella no
habría sido posible alcanzar esta distinción".

Asimismo realizó una breve semblanza del
maestro Tulio Febres
Cordero,
quien como poeta, historiador, profesor universitario y periodista
participó en el mundo de las ideas investigando y divulgando la cultura
popular autóctona y quien falleció en el año 1938, casualmente el mismo
año en que nació él en la ciudad de Ficksburg, en Sudáfrica.
En
su interesante discurso el Dr. Lee habló acerca de qué es un
revolucionario, un socialista, recordando un pensamiento del dramaturgo
marxista alemán Bertolt Brecht quien afirmó que "hay quienes luchan un
día y son buenos, hay quienes luchan algunos años y son muy buenos,
pero hay quienes luchan toda su vida; esos son los imprescindibles",
haciendo referencia a la importancia de la lucha constante y el estudio
de la teoría revolucionaria fluyente, cambiante, más que de la
ideología inmóvil, inalterable, para de esta forma combatir las ideas
de la clase dominante.
Finalmente exhortó a los venezolanos que
verdaderamente desean construir el socialismo en Venezuela a que
primero estudien profundamente qué es el capitalismo, su quintaesencia,
"que no es otra cosa que la explotación económica, la dominación
política, la militarización genocida, la discriminación social y la
alienación humana, pues sólo conociendo a cabalidad el capitalismo se
puede estudiar y crear el socialismo científico y filosófico."

Medalla de la
Orden Tulio Febres Cordero en su primera clase
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Economía
Política Marxista:
Una aproximación
Jutta
Schmitt
Mérida,
Abril
2008
Índice
Observación Preliminar
Parte
1: Premisas y conceptos
básicos
Cosmovisión
idealista vs. cosmovisión
materialista-histórica
Trabajo
Producción
Medios
de Producción
Fuerzas
Productivas
Relaciones
de
Producción
Modo
de Producción
Revolución
Social
Parte 2: De la producción simple
de mercancías al
capitalismo
Fuerzas
motrices del
desarrollo
humano
La
productividad del
trabajo
El
plus-producto o
excedente
social
La
división del
trabajo
Producción
de valores
de uso y
producción de valores de cambio
Producción
simple de
mercancías
La
ley del valor
Parte 3: Origen y funcionamiento del capitalismo
Génesis del capital
Capital
y capitalismo
¿Qué
es la plusvalía?
Características
específicas de la
economía capitalista
Explotación:
Plusvalía absoluta,
plusvalía relativa
Los
Salarios en el
capitalismo
Leyes
de desarrollo
del
capitalismo
Crisis
periódicas de
sobreproducción
Notas
Bibliografía
‘El Capital’
es uno de los libros que cambian la vida de los seres
humanos si tan
sólo se lograría motivarlos a leerlo.
George Bernard Shaw
Observación
preliminar
Esto
es una síntesis del taller ‘Introducción a la economía
política marxista y su significado para la práxis
y teoría revolucionaria’, dictado por Jutta Schmitt y Franz J. T.
Lee en el marco
de las actividades desarrolladas por la Universidad
Socialista
del Pueblo, Mérida, en colaboración con la dirección estadal de Moral y
Luces
bajo dirección de Gilberto Perdomo. El curso se llevó a cabo en cuatro
sesiones
entre el 14 de Febrero y el 06 de Marzo de 2008. En esta síntesis se
resume
exclusivamente lo referente a la economía política marxista; el curso
está
además documentado en grabaciones de audio digitalizadas, disponibles
en la
sede de Moral y Luces, Mérida. En la preparación del curso y en la
redacción
posterior de este texto han servido de guía, tres escritos claves de
Carlos Marx
como lo son el primer tomo de El Capital,
el primer tomo de Teorías sobre la
plusvalía, y La Ideología Alemana; así
como la Introducción al Marxismo,
de Ernest Mandel.
¿Por qué los
bolivarianos,
revolucionarios y socialistas que
estamos comprometidos con el proceso de transformación en Venezuela,
América
Latina y el mundo, debemos ocuparnos de la economía política marxista?
Estamos
convencidos de que hoy más que nunca habrá que volver la mirada sobre
esta, ya
que si de construir el socialismo se trata, hay que conocer qué es y
cómo
funciona el capitalismo para poder
negarlo y superarlo en todos sus aspectos, sobre todo en lo que
concierne a su
base económica, esto es, la explotación del hombre por el hombre y de
la
naturaleza por la sociedad. No nos cansamos en reiterar que el odio
hacia Marx,
expresado por los miembros de las decadentes clases burguesas
dominantes a
escala mundial, no se debe tanto a que Marx sea ‘el teórico del
socialismo’,
sino y en primer lugar al hecho de que Marx fue el historiador y
teórico
economista por excelencia, del capitalismo.
Con ello, nos ha dejado los instrumentos teóricos fundamentales para
comprender
el capitalismo no sólo correspondiente a la época en la que Marx lo
analizara,
esto es, como capitalismo industrial, liberal-competitivo, sino también
el
capitalismo monopolista, el imperialismo, el capitalismo tardío y la
globalización.
No estamos
negando la necesidad
imperante de actualizar constantemente
el pensamiento marxista en función de mantenerlo vivo como aquél lo que
es en
esencia: Un instrumento dialéctico, teórico-práxico no sólo para interpretar el mundo de maneras
diferentes, sino para cambiarlo.
Parte
1: Premisas y conceptos básicos
Cosmovisión idealista
vs. cosmovisión materialista-histórica
Lo que
pensamos y lo que hacemos en
nuestras vidas lo
pensamos y lo hacemos por lo general con base en unas premisas previas
que nos
han sido inculcadas por nuestro entorno social en forma de una
determinada visión
del mundo o cosmovisión, a menudos
sin que tengamos conciencia de ello. Esta cosmovisión la asumimos como
una
especie de ‘razonamiento natural’ y muchos de nosotros nunca llegamos a
cuestionarla o por lo menos, dudar de ella. Tanto es así que la vasta
mayoría
de los pueblos del mundo, incluyendo a nuestros compatriotas
venezolanos,
revolucionarios, bolivarianos y socialistas, manejan en el fondo de su
razonamiento esta cosmovisión de corte idealista, en la que un ‘gran
dios’, un ‘gran
hombre’, una ‘gran idea’ o una ‘gran raza’ hacen la historia, más no el
‘pequeño’ hombre ni mucho menos la ‘pequeña’ mujer, ni tampoco el
trabajador ni
el productor del campo, quiere decir, la gente común y corriente. Esta
concepción
de la historia contribuye, sin duda, a fomentar el pasivismo, el
fatalismo, la
aceptación ciega del estatus quo y la resignación ante aquellos
factores históricos
que sí están determinando el destino de la humanidad y que requieren de
una
actuación consciente y decidida de los verdaderos protagonistas de la
historia,
si la especie humana quiere sobrevivir a este nuevo siglo XXI.
La economía
política marxista parte, no
de una premisa
idealista de la historia en la que una ‘fuerza superior’ determina el
destino
de la humanidad, sino de un simple hecho histórico-concreto,
comprobable a lo
largo y ancho de la historia humana: El ser humano mismo hace la
historia en
cuanto que es él mismo quien produce su vida material. En esta
producción y
reproducción material-natural de la vida humana no existe interferencia
de ‘fuerza
superior’ alguna que no sea la de la misma materia cósmica que se
contempla a
sí misma por medio del ojo y cerebro humano, como dijo Federico Engels
en su Dialéctica de la Naturaleza. Es así como la economía política marxista es
una ciencia
con base en la cosmovisión del materialismo dialéctico-histórico que
explica la
historia de la humanidad a partir de sus propias fuerzas materiales
contradictorias que la mueven, y no con base en una fuerza
‘sobrenatural’ que
predetermina su curso y enlace.
La economía política
marxista, partiendo del hecho
que los
seres humanos mismos producen su vida material y con ello su historia,
tiene
como objeto de estudio las relaciones entre personas y entre clases
sociales
que son unas relaciones sociales atadas a
cosas, unas relaciones sociales que
aparecen como cosas. Por ser su objeto de investigación las
relaciones
entre personas y clases sociales, la economía política marxista es una ciencia social.
Trabajo
El que el
ser humano produzca su vida
material él mismo para
satisfacer sus necesidades vitales como alimento, vestimenta y
vivienda, es
considerado ‘el primer hecho histórico’
por Carlos Marx. Para el ser humano la producción material de su vida
es la
condición sine qua non de su vida
misma. La producción material de su vida no es otra cosa que la
articulación o expresión
de su vida como tal. Es, pues, su vida activa o actividad vital que
tiene como
finalidad la auto-conservación. La economía política marxista nos
enseña que
esta actividad vital con finalidad de auto-conservación,
no es otra cosa que el trabajo.
Marx
denomina el trabajo el
‘metabolismo’ del ser humano con
la naturaleza y lo señala como la condición primordial, eterna y
natural del
ser humano. Entendido de esta manera, el trabajo es el factor común de
todas
las formaciones sociales en la historia humana. En términos concretos,
Marx
considera el trabajo como un hecho fisiológico, como una función del
organismo
humano que se expresa en el movimiento de las fuerzas naturales del
hombre.
Resuelto en sus elementos más rudimentarios, el trabajo, en palabras de
Marx,
es “gasto productivo de cerebro, músculo,
nervio, mano, etc.” (1) Un simple proceso de trabajo, concebido en
términos
igualmente concretos, contiene los siguientes elementos: La intención y
anticipación de hacer algo, la actividad como tal, el instrumento del
trabajo y
el objeto. Marx observa en el primer tomo de El Capital
que
lo
que distingue de antemano al peor de los maestros de construcción de la
mejor
de las abejas, es que haya construido la celdilla en su cabeza antes de
construirla en cera. Al final del proceso de trabajo sale un resultado
que ya ha
sido presente desde un principio en la imaginación del productor, a
manera de
idea. (2)
De esta
manera, querer transformar un
objeto natural para
adecuarlo al uso con fines de satisfacer una necesidad humana,
involucra al
cerebro humano por medio de la anticipación e intención de hacer algo.
La
propia actividad de transformación del objeto involucra, además del
cerebro, los
nervios, músculos, manos, etc. en cuanto que se incide en el objeto de
manera
directa con la mano y/o de manera indirecta mediante un instrumento de
trabajo.
El resultado de esta actividad es el objeto transformado, apto para el
uso
humano; es el producto del trabajo, el trabajo objetivado en el
producto, el trabajo
enajenado. La apropiación o ‘reapropiación’ del trabajo enajenado,
objetivado
en el producto, consiste simplemente en el uso y disfrute del objeto
transformado, esto es, en la satisfacción de una necesidad humana.
Producción
El termino
producción es básicamente un
sinónimo de ‘trabajo’,
con la precisión de que el término producción en economía política
marxista enfatiza
el carácter social del trabajo, de
este “metabolismo del hombre con la naturaleza” como lo llamó Marx.
Producción
es, entonces, el metabolismo del hombre con la naturaleza, socialmente
organizado. Es importante que tengamos en cuenta que toda
producción es siempre producción social y que por tanto, para la
economía
política marxista, el individuo o el productor individual es siempre
entendido
como individuo o productor individual que
produce en sociedad. La producción del individuo o producción
individual
es, por tanto, siempre producción socialmente
determinada del individuo. Esto quiere decir que el productor
individual no
opera en el vacío sino en el marco de un conjunto de productores
inexorablemente relacionados entre sí. Además y en la economía política
marxista, la producción o metabolismo del hombre con la naturaleza
socialmente
organizado, tampoco opera en un vacío sino siempre en el marco de un determinado escalón del proceso del desarrollo
humano, quiere decir, de una determinada época histórica o de un
determinado modo de producción.
Medios de producción
No existe
producción sin instrumentos o
medios de producción
entre los que figura todo lo que sea instrumento o medio de trabajo,
inclusive
medios auxiliares con fines de incidir de alguna manera en el objeto de
trabajo.
Entre los medios de producción cuentan máquinas, materias primas (que
son objetos
de producción primarios que se encuentran en la naturaleza), sustancias
auxiliares,
edificios, tierra, medios de transporte y energía en cualquier forma
(calor –fuego-,
vapor, electricidad, agua, etc.).
La economía política
marxista destaca que los
medios de
producción más importantes son los propios instrumentos de producción,
ya que
estos experimentan un mejoramiento constante a lo largo del desarrollo
humano y
constituyen nada menos que la tecnología
de una determinada época histórica o escalón del desarrollo humano. Y
es precisamente
la tecnología que expresa al mismo tiempo la relación entre sociedad y
naturaleza o más preciso, el grado de
dominación de la naturaleza por parte de la sociedad con el que se
suele
medir el llamado ‘desarrollo’ o también denominado ‘progreso’ humano;
concepción que ciertamente tendrá que ser revisada ante los
irreversibles daños
ecológicos causados a la naturaleza sobre todo por el modo de
producción
capitalista, y que amenazan con acabar con la propia especie humana.
uerzas productivas
(=medios de producción + fuerza de trabajo humana)
Los medios de
producción, en combinación con la
fuerza de
trabajo humana que utiliza y emplea estos medios de producción, son
denominados
fuerzas productivas. Las fuerzas
productivas constituyen el elemento más dinámico de la producción dado
que la
interacción entre el mejoramiento constante de los medios e
instrumentos de
producción por un lado y el aprendizaje y conocimiento humano por otro
lado,
lleva a un perfeccionamiento continuo de ambos y eleva la eficiencia,
el
crecimiento y la expansión o ampliación de la producción.
Relaciones de producción
(=relaciones de propiedad)
Como toda producción es
siempre producción social, en el proceso de producción
-
que comprende la producción, el intercambio, la distribución y
finalmente el
uso o consumo del producto - se
establecen inevitablemente relaciones entre productores y entre clases
sociales. Existen nada más que dos tipos
fundamentales de relaciones de producción,
que son:
a)
la cooperación
amistosa y ayuda mutua,
b)
la explotación
del hombre por el hombre o explotación económica.
El tipo de relaciones
de producción en una
determinada
formación social depende de quién o quiénes son los propietarios
de los medios de producción sociales. Se distinguen
nada más que dos tipos fundamentales de propiedad, que son:
a)
la propiedad
colectiva de los medios sociales de producción, que va de
la mano con la cooperación y
asociación
libre de los productores en una sociedad sin clases.
b)
la propiedad
privada de los medios sociales de producción, que va de
la mano con la explotación de los productores por parte de la clase
dominante en
una sociedad de clases.
Por ende, las relaciones
de producción no son otra cosa que relaciones
de propiedad (siendo este término, como dice Marx, solo la
expresión jurídica para el mismo término ‘relaciones
de producción’).
Modo de producción (=relaciones
de producción + fuerzas productivas)
Ahora bien, las relaciones
de producción en permanente acción recíproca con las
fuerzas productivas, son los dos aspectos de lo que se denomina en
economía política marxista, un modo de
producción. Se distinguen los siguientes modos de producción, de
los cuales
se han dado en la historia, hasta ahora, los primeros cinco:
1. La sociedad
originaria,
también llamada ‘comunismo primitivo’,
no es otra cosa sino una referencia muy general a aquél período de la
historia
humana que ha sido denominado ‘prehistoria’ y que abarca la edad de
piedra
(paleolítico) con sus diferentes sub-períodos. Se trata de la formación
económico-social más antigua y con más duración en la historia humana
que
comprende desde el paleolítico antiguo hace unos aproximadamente 2,5
millones
de años, hasta el neolítico hace unos aproximadamente 10 mil años. Se
caracteriza
por ser una forma de organización social sin clases, basada en la
propiedad
colectiva de los medios sociales de producción (instrumentos de trabajo
rudimentarios) y en la asociación necesaria de los productores frente a
la precariedad
de los recursos y dado el escaso desarrollo de las fuerzas productivas.
2. El modo
de
producción asiático: Es uno de los modos de producción que ha
emanado de la
sociedad originaria, y es probablemente la primera forma de una
sociedad de
clases que se conozca en la historia humana. Su fundamento económico es
la
comunidad rural con su propiedad colectiva de la tierra. Sin embargo,
varias comunidades
rurales autónomas son agrupadas por un poder central cuya función
social es la
aglutinación de las múltiples comunas fragmentadas, para así garantizar
y
organizar las tareas vitales concernientes a todos. Luego, este poder
central
se vuelve autónomo y degenera en despotismo, convirtiéndose sus
representantes
o funcionarios en una clase explotadora. Lo que caracteriza a este modo
de
producción es la coexistencia de elementos del comunismo primitivo, de
la
esclavitud doméstica y del feudalismo; estos últimos sin embargo, no
dominantes.
3. El modo
de
producción esclavista: Es una sociedad
de clases igualmente emanada de la sociedad originaria decadente. Su
fundamento
económico lo constituye la propiedad privada de los amos de esclavos
sobre los
medios sociales de producción y sobre los propios productores, los
esclavos, quienes
son considerados como ‘medios de producción parlantes’ (Aristóteles los
llamó ‘herramientas
parlantes’). Con el modo de producción esclavista emerge una especie de
organización y administración ‘estadal’ como instrumento de control y
opresión
de los productores-esclavos.
4. El modo
de
producción feudal: Sociedad de
clases basada en la propiedad privada de los medios sociales de
producción, que
emana de la sociedad esclavista, o también de la sociedad originaria.
Su
fundamento económico lo constituye la propiedad privada de los señores
feudales
(clero & nobleza) sobre el medio social de producción principal, la
tierra,
y la propiedad parcial sobre los productores mismos (siervos).
5. El modo
de
producción capitalista: Sociedad de clases emanada del feudalismo y
basada
en la propiedad privada de los medios sociales de producción en manos
de la
burguesía o clase capitalista, y la subsiguiente explotación de la
clase
trabajadora, forzada a vender su fuerza de trabajo ya que no dispone de
ningún
otro sustento de vida. El capitalismo se caracteriza por múltiples
contradicciones como por ejemplo el desarrollo vertiginoso de sus
fuerzas
productivas bajo unas posibilidades de consumo principalmente
limitadas; el
carácter eminentemente social de la producción bajo la apropiación
privada de
la inmensa riqueza generada; y la anarquía de la producción en general
mientras
que existe una minuciosa planificación de la producción dentro de las
empresas particulares.
6. El modo
de
producción socialista: Se concibe como el producto de la revolución
socialista que se supone debe acabar con el capitalismo como modo de
producción
dominante a escala mundial. El socialismo es entendido como la primera
fase del
comunismo y en este sentido constituiría una sociedad de transición
hacia una sociedad
radicalmente nueva, sin clases ni rasgos algunos de lo que caracteriza,
en lo
económico, político, social y cultural, a la sociedad capitalista.
Basado en la
propiedad colectiva de los medios sociales de producción y bajo la
‘dictadura’ de
la mayoría (proletariado) sobre la minoría (clase capitalista
destituida), el
socialismo prepararía la superación de la división del trabajo en
trabajo
manual-físico-industrial y trabajo intelectual, y con ello, de la
alienación
humana. La vida socialista se regiría según los principios de una
consciente
planificación social de la producción, de la mano con la asociación
libre,
cooperación solidaria y ayuda mutua entre los productores. Se
caracterizaría
por el cese de la producción de mercancías destinadas a la venta en el
mercado,
y en su lugar reaparecería la producción de ‘valores de uso’ destinados
al uso
o consumo inmediato y directo, y no para el mercado. El socialismo
sentaría las
bases y crearía las condiciones objetivas y subjetivas para el
comunismo.
7. El comunismo:
Concebido
como una sociedad sin clases basada en la propiedad colectiva de los
medios sociales
de producción, como en la libre asociación de los productores bajo
pleno
desarrollo de las fuerzas productivas y abundancia de recursos. Esto, a
la vez,
son las precondiciones para el pleno desarrollo de las potencialidades
humanas,
su plena realización como verdadero ser humano en y mediante la
humanización de
la naturaleza y la naturalización del ser humano.
Revolución social
Si las
relaciones de producción
(recordemos que se trata de relaciones
de propiedad) de un modo de producción dado, empiezan a convertirse en
trabas
para el desarrollo más amplio de las fuerzas productivas, comienza una
época de
revolución social. Si esta fracasa en su tarea de sustituir el orden
social
dado con otro orden social nuevo, más desarrollado, las fuerzas
productivas terminarán
de convertirse en fuerzas destructivas lo que conduce a que la sociedad
entera perezca
con todas sus clases sociales. Al concebir lo económico como relaciones
entre
personas y clases sociales y al vincular lo económico con lo
social-revolucionario, la economía política marxista resulta ser una
ciencia
social con un punto de partida clasista, revolucionario y progresista.
Parte 2: De la producción simple de mercancías al modo de producción
capitalista
Fuerzas motrices del
desarrollo humano
El capitalismo es el
resultado de un largo proceso de desarrollo –igual, desigual y
combinado- de
la producción humana, de aquél ‘metabolismo del ser humano con la
naturaleza,
socialmente organizado’ que hemos mencionado anteriormente y que se ha
manifestado en forma de diferentes modos de producción a lo largo de la
historia. Para poder comprender el capitalismo como tal, quiere decir
como resultado de este proceso, hay que
estudiar entonces su génesis, su historia, su desenvolvimiento
histórico. Este
enfoque ‘genético’ es un enfoque inherente al propio método marxista
según el
cual siempre se identifica a una cosa mediante la explicación de su
historia, del
proceso histórico que la engendró.
Entre la sociedad
originaria o ‘comunismo
primitivo’ basado
en la producción de valores de uso
para satisfacer de manera directa las necesidades humanas básicas e
inmediatas,
y el modo de producción capitalista basado en la producción de valores de cambio para el mercado con
fines de obtener ganancias, se extiende un largísimo período histórico
que
comprende las más variadas formas de producción y organización social.
Estas
diferentes formas de civilización o formaciones sociales son
comprendidas por
la economía política marxista como escalones progresivas del desarrollo
humano,
denominados modos de producción. No
obstante las diferencias que existen entre un modo de producción y el
otro, en
todos ellos operan unas fuerzas motrices que son comunes a todos los
modos de
producción en la historia humana. Estas fuerzas motrices son las
siguientes:
1.
El aumento
de la productividad del trabajo,
2.
el
incremento del plus-producto o excedente social, y
3.
la constante
refinación de la división del trabajo.
La productividad del
trabajo, el plus-producto o
excedente social
y la división del trabajo se determinan recíprocamente y propulsan
permanentemente
cambios en el proceso social de producción, lo que conduce a su
diferenciación cada
vez más acelerada. Al final de este proceso nos encontramos con tres
resultados
fundamentales, económicos y sociales que constituyen las precondiciones
para la
aparición del capitalismo moderno. Se trata de:
1.
La
separación de los productores de sus medios de producción, de sus
productos y,
por ende, de su sustento de vida o base de existencia;
2.
la
formación de una clase social que tiene el monopolio de la propiedad
privada de
los medios sociales de producción, esto es, la burguesía moderna; y
3.
la
transformación de la fuerza de trabajo humana en una mercancía.
La productividad del
trabajo
La productividad del
trabajo está determinada por
distintas
circunstancias, entre otras por:
a)
el grado
promedio de la habilidad del trabajador en la que influyen su
método y técnica de trabajo;
b)
el modo, la
extensión y la eficiencia de los medios de producción;
c)
la
combinación social del proceso de trabajo;
d)
el grado de
desarrollo de la ciencia y su aplicabilidad tecnológica;
En el primer tomo de El
Capital, en lo que se refiere al aumento de la productividad del
trabajo,
Marx nos lo explica de la manera siguiente:
Principalmente
entendemos aquí como aumento de la productividad del trabajo un cambio
dentro
del proceso de trabajo mediante el cual el tiempo socialmente necesario
para
producir una mercancía es reducido, por lo tanto, una cantidad más
pequeña de
trabajo obtiene el poder de producir una cantidad más grande de valor
de uso. (3)
En seguida, nos da un
ejemplo concreto:
Con
determinados medios, un zapatero puede, por ejemplo, fabricar un par de
botas
en una jornada de 12 horas. Si debe fabricar dos pares de botas durante
la
misma jornada, la fuerza productiva de su trabajo tendrá que
duplicarse, y no
podrá duplicarse sin que ocurra un cambio en sus medios de producción o
su método
de producción o en ambos al mismo tiempo. Por ende, habrá que ocurrir
una
revolución en las condiciones productivas de su trabajo, quiere decir,
en su manera
de producir y por lo tanto, en el proceso de producción mismo.
(4)
Ahora bien y visto
desde una retrospectiva
histórica, del
aumento de la productividad del trabajo depende la aparición de un
excedente
social al igual como su estabilización y incremento permanente. Por
ejemplo, el
descubrimiento del fuego, la invención de flecha y arco, la aparición
de la
agricultura y de la domesticación de animales, constituyen cada uno un
aumento en
la productividad social del trabajo que posibilita a su vez la
generación de un
plus-producto social. Este plus-producto o excedente social es, en
primer lugar,
un excedente de alimentos que permite la creación de reservas de
alimentos con
el que se logra liberar a una parte de la sociedad de la obligación de
producir
y proveer por sus propios alimentos. Liberada de la necesidad inmediata
de
producir alimentos, esta parte de la sociedad puede, con el tiempo
adicional
disponible, dedicarse a otras tareas en el marco de la producción
social, por
ejemplo, al mejoramiento sistemático de los instrumentos de trabajo y
al
aprendizaje de técnicas de producción más complejas, con lo cual se
marca el
comienzo de la división social del trabajo. Marx observa al respecto:
Si
la productividad de trabajo estaría desarrollada tan sólo en un grado
tal que
el tiempo de trabajo de un solo hombre alcanzaría apenas para subsistir
él mismo,
o sea para producir y reproducir sus propios medios de vida, no
existiría el plus
trabajo ni la plusvalía. … La posibilidad del plus trabajo y de la
plusvalía
depende, por ende, de un determinado grado de productividad de trabajo;
productividad que le confiere a la capacidad laboral el poder de
producir más que
la equivalencia de su propio valor, más de lo necesario que él requiere
y que
está determinado por su propio proceso de vida. (5)
El plus-producto o
excedente
social
Como ya indicado
anteriormente, la aparición de un
plus-producto,
también llamado producto adicional o excedente social, tiene como
consecuencia
la liberación de algunos miembros del colectivo, de la obligación de
tener que
producir sus propios alimentos. Están, por ende, en condiciones que les
permiten poder dedicarse a otras actividades necesarias y útiles para
el
sustento de la comunidad entera. Estas, a su vez, inciden
favorablemente en la
productividad del trabajo del colectivo como tal, ya que elevan la
eficiencia
de la producción social en su totalidad, es decir, traen consigo un
aumento de
la productividad del trabajo de la comunidad entera.
Si el excedente
alimenticio empieza a crecer considerablemente gracias
al aumento de
la productividad del trabajo, se dan las condiciones para la división
social
del trabajo y con ello -más sin embargo no necesariamente-
para
la desigualdad social, para la explotación económica del hombre por el
hombre,
en otras palabras, para la sociedad de clases. Por ejemplo, a partir de
la
existencia de un excedente alimenticio de mayores proporciones, aunado
a la
aparición de técnicas de conservación de los alimentos, los prisioneros
de
guerra apresados durante conflictos entre grupos humanos, tribus,
comunidades o
pueblos, a los que antes se solían matar, pueden ser alimentados y ser
obligados a trabajar para la partida vencedora, incorporándolos de esta
manera
a la masa de los productores existentes; proceso que marca el comienzo
de la
esclavitud. De igual manera pueden surgir unas castas o clases sociales
dominantes, compuesto de sacerdotes, soldados, funcionarios, señores
feudales,
reyes, etc., quienes ejercen una especie de tareas administrativas y
organizativas del proceso de producción y quienes se alimentan del
excedente
social.
Es así como con el
aumento de la productividad del
trabajo y
la división social del trabajo, la producción social ya no tiene una
única función,
es decir, la de alimentar a los productores. Dado que ya no todos son
productores inmediatos, la producción social adquiere una función
adicional y
se divide en dos partes:
1.
La parte necesaria
o el
producto necesario para alimentar a los productores. Si
esta parte estaría ausente, colapsaría la
sociedad entera.
2.
La parte adicional
o el plus-producto
social para alimentar a las castas o clases
dominantes. El plus-producto o excedente social es producido por
los
productores y apropiado por las clases dominantes.
Existen varias formas
en las que las clases
dominantes se
apropian del excedente social: En forma de especies o ‘valor en
especie’, en
forma de mercancías, en forma de trabajo físico no remunerado o
servidumbre, y
en forma de dinero. Si la clase dominante se apropia del excedente
social
exclusivamente en forma de dinero, se habla entonces de plusvalía
y ya no de ‘plus-producto’.
En todas las
formaciones sociales o modos de
producción de
la historia humana, el origen del excedente social o plus-producto, es
uno sólo:
el trabajo gratuito o no remunerado, el trabajo sin contrapartida.
La división del
trabajo
La economía política
marxista nos enseña que la
historia de
la división del trabajo y la historia del desarrollo humano es una y la
misma
historia. La división del trabajo, la diferenciación y la
especialización
progresiva de la producción social y con ella el auge de los más
diversos
ámbitos de producción, es la que ha propulsado el desarrollo humano. A
su vez,
esta ‘diversificación’ de la producción social gracias a la división
del
trabajo, resulta en una productividad del trabajo cada vez más
eficiente. Así
es como la división del trabajo se
encuentra en una permanente relación recíproca tanto con el aumento de
la productividad del trabajo, como con el incremento
del excedente social.
Desde la sociedad
primitiva, pasando por la
sociedad esclavista
y feudal hasta el comienzo del propio modo de producción capitalista,
se dejan
distinguir las siguientes grandes divisiones del trabajo:
a) La división natural
del trabajo, según género y edad.
b) La primera división social
del trabajo: la separación de la domesticación y cría de
animales
domésticos, de la agricultura. Con ello se da la división de pueblos o
comunidades
en pueblos
ganaderos y pueblos agricultores con el subsiguiente
aumento
de la
productividad del trabajo y la aparición de un excedente social
constante.
Surge
el intercambio de productos entre pueblos ganaderos y agricultores y
la
formación gradual
de la artesanía casera.
c) La segunda división
social del trabajo: El
oficio / la
artesanía se separa de la
agricultura.
d) La tercera división
social del trabajo: El
comercio se
separa del oficio/artesanía y de
la
agricultura. Con
ello, se da la separación de la ciudad en la que se concentran el
oficio y
el comercio,
del campo.
En relación
a la división del trabajo,
Marx observa que en
cada etapa del desarrollo humano, a la división técnica
del trabajo siempre le corresponde una determinada forma de
las relaciones de propiedad de los medios
de producción:
Los
diferentes escalones del desarrollo de la división del trabajo
constituyen, al
mismo tiempo, diferentes formas de propiedad, quiere decir, cada
escalón de la
división del trabajo determina, a su vez, las relaciones de los
individuos
referente al material, al instrumento y al producto del trabajo.
(6)
Producción de valores
de uso y producción de valores de cambio
La producción en el
marco de las sociedades o
comunidades originarias
es siempre producción de valores de uso,
quiere decir, lo que se produce está destinado a satisfacer las
necesidades
inmediatas de la comunidad. Este tipo de producción no tiene como
objetivo
final ni el intercambio, ni el enriquecimiento, sino el uso y disfrute
directo
del producto por parte del colectivo.
Con el tiempo y debido
a la dinámica: aumento de
la productividad
del trabajo – incremento del excedente social – refinación de la
división del
trabajo, emerge, de esta misma sociedad primitiva u originaria, un
nuevo tipo
de organización del trabajo que ya no se caracteriza por la producción
planificada y el uso y disfrute directo por parte del conjunto de
productores,
sino por la existencia de una diversidad de productores cuyas
relaciones entre
sí están determinadas por el intercambio de sus productos. En este
nuevo tipo
de producción y organización social, la masa de los productos está
destinada al
intercambio en un mercado, por lo que se habla de una producción de valores de cambio. Productos que son
producidos con fines de ser intercambiados en el mercado se denominan
en
economía política marxista, mercancías.
Producción simple de
mercancías
En la historia humana,
la producción de mercancías
aparece
por primera vez entre hace diez y doce mil años aproximadamente, en el
marco de
la segunda división social del trabajo en la que el oficio se separó de
la agricultura.
Su expansión más significante la alcanzó entre los siglos XIV y XVI en
el
centro y norte de Italia, en el norte y sur de los países bajos, y en
menor
grado en Inglaterra, Francia y Alemania occidental.
La producción simple de
mercancías se caracteriza
por los
siguientes factores:
a)
los productores de
las mercancías
permanecen dueños de sus medios de
producción y del producto final de su
trabajo, la mercancía. Quiere decir,
todavía son los productores mismos quienes
determinan y controlan a sus
condiciones de trabajo.
b)
la planificación
consciente en
la producción de valores de uso y la
distribución equilibrada de la fuerza de
trabajo según las diferentes áreas de
trabajo de la sociedad originaria, es
reemplazada por un intercambio irregular
de sus productos y un mercado
anárquico.
La ley del valor
El factor de cohesión
en las relaciones económicas
bajo las condiciones
de la producción simple de mercancías, es la ley del valor:
Las mercancías son intercambiadas según la cantidad de
trabajo que contienen. ¿Cómo
se mide esta ‘cantidad’ de trabajo? La cantidad de trabajo que cada
mercancía
contiene se mide en términos de tiempo.
Lo que se intercambia en realidad bajo apariencia de mercancías, son
unas determinadas
cantidades de trabajo, que se miden
en términos de tiempo. Así es como en la producción simple de
mercancías se
intercambian, por ejemplo, los productos elaborados durante una jornada
por un
agricultor, con los productos elaborados durante una jornada por un
artesano. La
medida que establece la equivalencia es el tiempo
de trabajo, en este caso la jornada:
lo que el agricultor produzca durante un día laboral es equivalente a
lo que el
artesano produzca en el mismo lapso de tiempo.
Ahora bien, Marx
explica en El Capital
que la medida con la que se mide el valor de cambio de
una mercancía, esto es, el tiempo necesario para
elaborarla, no es una medida ‘absoluta’ que expresa el tiempo efectivamente gastado por algún productor
individual para elaborarla, sino que se trata de una medida socialmente
determinada:
Podría
dar la impresión que… cuánto más flojo u torpe un hombre, tanto más
valiosa su
mercancía, ya que necesita tanto más tiempo en fabricarla. Sin embargo,
el
trabajo que forma la sustancia de los valores, es trabajo humano por
igual. …
La fuerza de trabajo entera de la sociedad… vale aquí como una y la
misma
fuerza de trabajo humana, aun cuando consiste de innumerables fuerzas
de
trabajo individuales. Cada una de estas fuerzas de trabajo individuales
es la
misma fuerza de trabajo humana, siempre y cuando posee el carácter de
una
fuerza de trabajo social promedia, y actúa como tal, quiere decir,
siempre y
cuando necesita para la fabricación de una mercancía tan sólo el tiempo
promedio
necesario o tiempo de trabajo socialmente necesario. (7)
Por
ende, es solo el tiempo de trabajo socialmente necesario para elaborar
un valor
de uso, el que determina su valor de cambio.
…
Mercancías que contienen cantidades de trabajo equivalentes o que
pueden ser
producidas en el mismo tiempo de trabajo, tienen, por ende, el mismo
valor de
cambio. (8)
El cambio, intercambio
o trueque está entonces
fundamentado
en la equivalencia. La propia esencia del intercambio es la
equivalencia o
contraprestación exacta. La medida objetiva que rige el intercambio en
cualquiera de sus formas es la cantidad de trabajo gastado en la
elaboración de
un producto; cantidad que se mide en términos de tiempo de trabajo
socialmente
necesario. Un artesano quien, en comparación con un colega, necesita el
doble
del tiempo para fabricar un producto, no produce una doble cantidad de
valor.
La lentitud o ineficacia de este artesano no podrá ser recompensada con
un
crecimiento de valor. Una sociedad basada en este principio obviamente
no
duraría mucho tiempo. Es por eso que el valor (de cambio) de una
mercancía no
es determinado por la cantidad de trabajo efectivamente gastada por un
productor individual, sino por el tiempo
promedio, socialmente necesario para la fabricación de esta mercancía.
Y es por esta misma
definición que el valor
de cambio de una mercancía no permanece estable o constante
en el tiempo, ya que el tiempo promedio, socialmente necesario para su
fabricación se reduce en la medida en que crece la productividad del
trabajo en
general. En palabras de Marx:
El
valor de cambio de una mercancía permanecería, por ende, constante si
el tiempo
de trabajo necesario para fabricarla sería constante. Este último, sin
embargo,
cambia con cada cambio en la fuerza productiva del trabajo. (9)
De
manera general: Tanto mayor la fuerza productiva del trabajo, tanto
menor el
tiempo de trabajo necesario para fabricar un artículo, tanto menor la
masa de
trabajo cristalizado en él, tanto menor su valor. (10)
Parte
3: Origen y funcionamiento del capitalismo
Génesis del
capital
En la
producción simple de mercancías
los campesinos y
artesanos acuden al mercado para obtener mediante el trueque una
mercancía que
ellos mismos no pueden producir pero la que necesitan para satisfacer
una
necesidad inmediata. O sea, venden un producto para obtener otro en
cambio. Es
así como su actividad en el mercado se deja resumir en la siguiente
fórmula:
vender para comprar. Tanto al inicio como al final de su operación en
el
mercado se encuentra una mercancía, siendo el dinero el facilitador de
la
operación: mercancía – dinero – mercancía (M-D-M).
El dinero, en un
principio, no es nada más que un
medio de canje
socialmente reconocido para facilitar el comercio de trueque. También
se le
llama ‘equivalente general de mercancías’. En su esencia, el dinero no
es otra
cosa sino una mercancía especial con la que todas las demás mercancías
podrán
ser intercambiadas.
Sin embargo, con la
aparición del dinero aparece
también el
propietario del dinero, el usurero o mercader, quien se diferencia del
simple productor-propietario
de mercancías. El mercader ejerce otro tipo de actividad en el mercado
que el
campesino o artesano común y corriente. El mercader compra para vender,
para
disponer al final de su transacción de un valor superior que aquél con
el que
comenzó su transacción. La actividad del mercader en el mercado se
deja, por
ende, resumir en la siguiente fórmula: comprar para vender: dinero-
mercancía –
dinero+ (D-M-D+). La actividad del mercader consiste entonces en
incrementar la
cantidad de dinero que tiene, por un plus-valor, por una plusvalía. El
objetivo
de su actividad en el mercado no es la satisfacción de una necesidad,
sino la
acumulación de riqueza.
El capital en su forma
más elemental es capital monetario: Se trata de un
valor (monetario) que
es ampliado
por un plus-valor, el que, a su vez, tiene el fin de obtener otro
plus-valor, y
así sucesivamente. Sin embargo, hay que recordar aquí que el capital,
lejos de
dejarse reducir a un ‘montón de monedas’ acumulado, siempre tiene que
ser
comprendido en su contexto socio-histórico como un conjunto de relaciones sociales entre seres humanos
las que permiten en primer lugar que unos pocos propietarios de capital
se
apropien efectivamente de la plusvalía producida por los demás.
Capital y
capitalismo
Es importante señalar
que ‘capital’ y
‘capitalismo’ (o modo
de producción capitalista), no son lo mismo. El capital en forma de
capital
monetario y comercial ha existido mucho antes del nacimiento del propio
modo de
producción capitalista en Europa occidental de los siglos XV y XVI.
Antes de la
aparición del capitalismo mismo, en el que el capital opera
directamente en el
ámbito de la producción de mercancías, este ha existido en forma de
capital
monetario y comercial ‘fuera’ de la propia esfera de producción, quiere
decir,
en el ámbito del comercio o distribución.
En el largo período histórico que constituye la acumulación originaria
del capital
monetario y comercial, el propietario del capital es usurero o
comerciante
quien presta o compra con el objetivo explícito de obtener una
ganancia. Este
tipo de propietario de capital monetario o comercial posee riqueza en
forma de
dinero y mercancías, más todavía no posee ni monopoliza los medios
sociales de
producción.
Históricamente, la
ganancia del capital monetario
y
comercial está basada en el robo, el fraude, la piratería y el comercio
de
esclavos. La acumulación del capital comercial se efectúa básicamente
mediante
la compra de mercancías en regiones distantes a un precio por debajo de
su
valor, y la posterior venta de las mismas por un precio por encima de
su valor.
Lo que es importante notar aquí es que este tipo de acumulación
equivale a una transferencia de valor, esto es, a una
apropiación de los ingresos de una parte de la sociedad, por otra. Una
plusvalía que proviene de una transferencia
de valor no incrementa la riqueza total de la sociedad:
Simplemente, unos
pierden lo que otros ganan.
Sin embargo, con la
penetración del capital al
ámbito de la
producción misma, se efectúa un cambio radical en el proceso de la
acumulación:
el propietario del capital (como clase social), se convierte en
propietario de
los medios sociales de producción y su plusvalía o ganancia ya no se
basa en
una transferencia de valor, sino, está siendo producida o generada
directamente
en el proceso de producción mediante la explotación de la fuerza de
trabajo del
trabajador.
Finalmente y aunado a
la penetración del capital
al ámbito
de la producción, queremos recordar que existen tres factores que
constituyen
las precondiciones para la aparición del capitalismo moderno. Primero,
la
separación de los productores de sus medios de producción y de sus
productos de
trabajo, con lo que se les quita el control sobre su sustento de vida y
base de
existencia misma. Segundo, la formación de una clase social de
propietarios de
capital o capitalistas que tiene el monopolio de la propiedad privada
sobre los
medios sociales de producción; y, tercero, la transformación de la
fuerza de
trabajo humana en una mercancía que se compra y se vende en el mercado.
¿Qué es la plusvalía?
Ahora bien, ¿qué es y
cómo exactamente se genera
la
plusvalía en el capitalismo? Recordemos que a partir de la aparición de
un
excedente social estable en las sociedades precapitalistas como
resultado de un
aumento en la productividad del trabajo en combinación con un
determinado grado
de la división del trabajo, la producción social se divide en el producto necesario por un lado (el que
sustenta a los propios productores), y en el excedente o plus-producto
social por otro lado (del que se apropia y el que
sustenta a la clase dominante). La fuente del excedente social es el plus trabajo o trabajo adicional, que no
es otra cosa que trabajo sin contraprestación o trabajo no remunerado.
Este
mismo principio sigue operando en el capitalismo: La fuente de la
plusvalía es
el plus trabajo, escondido detrás de unas relaciones de mercado
aparentemente ‘libres’
e ‘iguales’, en las que reina la compra-venta generalizada de
mercancías,
inclusive del trabajo mismo, más preciso, de la fuerza de
trabajo, convertida en mercancía.
El punto decisivo aquí
es precisamente que en el capitalismo, la fuerza de
trabajo ha sido
convertida en mercancía. Como toda mercancía, la fuerza de trabajo
tiene un
valor de uso y un valor de cambio. El valor de uso de la mercancía: ‘fuerza de trabajo’ es el
de generar
plusvalía. El valor de cambio de la
mercancía: ‘fuerza de trabajo’ corresponde a la cantidad de trabajo
socialmente
necesario para reproducirla, expresado en la cantidad de mercancías que
el
trabajador tiene que consumir para mantenerse vivo y poder seguir
vendiendo su
fuerza de trabajo. El salario que devenga el trabajador corresponde
esencialmente a esto, nada más: la reproducción de la fuerza de
trabajo. Es así
como el capitalista compra la fuerza de trabajo por un salario cuyo
valor es inferior al nuevo valor generado por esta
fuerza de trabajo. El trabajador genera nuevos valores en la medida en
que
emplea su fuerza de trabajo para la producción de mercancías en la
fábrica de
su patrón. Sin embargo, el trabajador tiene que trabajar por más tiempo
que el
tiempo socialmente necesario para reproducir su propia fuerza de
trabajo, o, lo
que es lo mismo, para generar el equivalente de su salario (=valor de
cambio de
todas las mercancías que él necesita comprar para restituir su fuerza
de
trabajo física). De esta manera, mediante un trabajo adicional o plus-trabajo, el trabajador genera la plusvalía,
que no es otra cosa que la
diferencia del valor efectivamente generado por su fuerza de trabajo y
el valor
(de cambio) de esta misma fuerza de trabajo.
La gran diferencia
entre todas las sociedades
precapitalistas y el propio capitalismo consiste en que la acumulación
de
riqueza en las manos de las clases dominantes precapitalistas es
principalmente
limitada, mientras que en el capitalismo, la acumulación es
prácticamente
ilimitada. El fin último de la acumulación precapitalista era el consumo y la acumulación de tesoros con
miras a un consumo futuro por parte
de las clases dominantes. El fin último de la acumulación capitalista
es la capitalización de la plusvalía o
acumulación
del capital, valga la redundancia,
y se crean así las condiciones para un
crecimiento principalmente ilimitado de las fuerzas productivas. El
consumo limitado
de las clases dominantes precapitalistas cede el lugar a la voracidad
ilimitada
de la acumulación del capital.
Características
específicas de la economía capitalista
Entre las
características específicas más
importantes que
determinan el funcionamiento de la economía capitalista figuran,
primero, el
hecho de que toda producción esté orientada y destinada a la venta en el mercado. El capitalismo no
es otra cosa que producción generalizada
de mercancías, lo que implica automáticamente que toda mercancía
producida
tiene que ser vendida ya que de lo contrario, los capitalistas no
podrán
obtener la plusvalía producida por los trabajadores y ‘encerrada’ en
las
mercancías. La segunda característica específica es que toda producción
se
efectúa bajo unas relaciones de producción determinadas por la
propiedad
privada de los medios sociales de producción. No es la sociedad en su
conjunto
la que dispone de los medios de producción sino los intereses
particulares de
capitalistas o grupos de capitalistas, cuyas decisiones en el ámbito
económico afectan
a la sociedad entera sin que esta tenga control alguno. En tercer lugar
destaca
el hecho de que la producción en el capitalismo opera de manera como si
el mercado
fuese ilimitado y está sujeta además a la dinámica coercitiva de la
competencia, ya que cada capitalista individual trata de obtener la
ganancia máxima y de apropiarse de la mayor parte
del mercado, sin considerar las decisiones que otros capitalistas
podrían tomar
en el mismo área de inversión y lo que puede incidir negativamente en
la
coyuntura (sobreproducción).
Cuarto, lejos de ser
una producción destinada a
satisfacer
necesidades humanas, el único objetivo de la producción capitalista es
el de
obtener la ganancia máxima. El capitalista no consume la totalidad de
su
ganancia de manera improductiva, sino sólo una parte. La otra parte la
tiene
que reinvertir para poder ampliar su producción si quiere seguir
vendiendo
mercancías y generando ganancia. La competencia lo obliga a aumentar
sus inversiones
constantemente para obtener la maximización de la ganancia, es decir,
para
poder vender más económico, bajar los costos de producción y emplear
más
máquinas para ahorrar mano de obra y, con ello, gastos en salarios. La
producción capitalista es tanto producción de ganancias como
acumulación de
capital al mismo tiempo. La lógica inherente al capitalismo dicta que
la mayor
parte de la plusvalía sea invertida o acumulada como capital
adicional en forma de máquinas, edificios, materia prima y
fuerzas de trabajo adicionales, o
sea, conduce a una constante e inexorable ampliación de la producción.
Explotación: plusvalía
absoluta, plusvalía relativa
En el proceso de
acumulación del capital se
distinguen dos
partes que lo componen: Por un lado, están los medios y el material de
trabajo
que son los medios de producción en manos del capitalista, parte
denominada
‘capital constante’ ya que su valor permanece constante. Por otro lado,
está la
fuerza de trabajo, la que el capitalista compra para aprovecharse de su
capacidad de producir más valor que el de su propio costo, parte
denominada
‘capital variable’ ya que su valor es variable. La única parte pues que
produce
plusvalía es el capital variable, la fuerza de trabajo viva, humana. Es
por eso
que el capitalista, bajo el látigo de la competencia y en su afán de
obtener
ganancias máximas, trata de reducir los costos de producción a un
mínimo y
gastar lo menos posible en salarios.
La economía política
marxista señala dos métodos
principales
por medio de los cuales el capitalista logra bajar sus costos de
producción.
Estos son:
a)
El incremento de
la plusvalía absoluta, que significa la prolongación
de la
jornada laboral manteniendo el mismo salario;
o la reducción de los salarios
manteniendo la misma jornada laboral; o la
intensificación del trabajo
manteniendo la misma jornada y el mismo
salario.
b)
El incremento de
la plusvalía relativa, que presupone un aumento
generalizado de la productividad del
trabajo en el ámbito de la producción de
víveres, de modo que el trabajador promedio
industrial logre reproducir el
valor de estos bienes en, por ejemplo, 3
horas en lugar de 5. Con ello y
durante la misma jornada laboral de 8
horas, la plusvalía se incrementa por
dos horas, de 3 horas de plus trabajo a 5
horas de plus trabajo.
Los Salarios en el
capitalismo
Recordemos que unos de
los puntos claves en el
capitalismo
es que la fuerza de trabajo haya sido convertida en mercancía,
con lo que su valor
de cambio está determinado por la cantidad de trabajo socialmente
necesario
para producirla (o reproducirla en este caso), expresada en mercancías.
El
valor de cambio de la fuerza de trabajo equivale entonces al valor de
todas las
mercancías que el trabajador necesite consumir para restituir su fuerza
de
trabajo y poder seguir vendiéndola en el mercado.
Ahora bien, hay algo
que distingue el valor de
cambio de la
mercancía: ‘fuerza de trabajo’ del valor de cambio de todas las demás
mercancías. Lo específico del valor de cambio de la mercancía: ‘fuerza
de
trabajo’ es que consiste de dos elementos, uno fijo y uno variable. Por
un
lado, el elemento fijo es aquél componente que se refiere al valor del
conjunto
de las mercancías absolutamente necesarias para mantener vivo la fuerza
física
del trabajo; a este componente se le denomina ‘mínimo físico’. Por otro
lado, el
elemento variable, también denominado ‘histórico-ético’ es aquél
componente que
se refiere al valor de aquellas mercancías que, dentro del estándar de
vida
normal en una determinada época histórica, se ubican ‘por encima’ del
mínimo
físico, es decir, son de alguna manera ‘prescindibles’. Este componente
está
siendo determinado por el desarrollo histórico de la constelación de
fuerzas
entre capital y trabajo, en otras palabras, por la lucha de clases.
El salario es el precio
de mercado de la fuerza de trabajo. Como
todo precio de mercado, oscila
alrededor del valor de cambio de las
mercancías. A su vez, las oscilaciones de los salarios son determinados
por las
fluctuaciones que se dan en lo que Marx llama el ‘ejercito de reserva
industrial’.
Por ejemplo, en tiempos de crisis prolongada, cuando hay un desempleo
constante
y masivo, los salarios suelen permanecer por debajo del nivel del valor
de
cambio de la fuerza de trabajo, acercándose al mínimo físico. Sin
embargo y al
final de un período largo de desempleo generalizado, bien sea por
razones de un
proceso de industrialización o debido a una emigración de una parte de
la
población hacia otros países, los salarios pueden subir y ubicarse por
encima
del valor de la fuerza de trabajo. Esto sucede también como resultado
de intensas
luchas laborales con fines de subir el nivel de vida socialmente
reconocido. En
su totalidad, las fluctuaciones del ‘ejercito de reserva industrial’
dependen
de la propia lógica de la acumulación del capital, esto es, de los
ciclos
económicos y de la sustitución progresiva del trabajo físico, vivo, por
máquinas o ‘trabajo muerto’.
Dado que el crecimiento
de los salarios nunca
corresponde al
crecimiento de la productividad del trabajo y de la capacidad
productiva en
general, se abre una brecha cada vez más grande entre las necesidades
inmensamente
ampliadas (‘artificiales’) generadas por la creciente productividad del
trabajo, y la posibilidad de que los trabajadores puedan satisfacerlas
con los
salarios que devengan. Es en este contexto que la economía política
marxista
habla de la pauperización relativa de la
clase trabajadora. Sin embargo, existe una parte de la población
en la
sociedad capitalista que ha sido expulsada del proceso de producción
por la
misma lógica capitalista y que sufre, en su condición de desempleados
permanentes, ancianos, veteranos de guerra, minusválidos, enfermos,
etc., una pauperización absoluta.
Leyes de desarrollo
del capitalismo
La economía política
marxista nos señala que
debido a las
peculiaridades del funcionamiento de la economía capitalista, esta se
desenvuelve en su dinámica según determinadas ‘leyes’ de movimiento o
desarrollo. Estas leyes de movimiento son la concentración y
centralización del
capital, la progresiva proletarización de la población trabajadora, el
crecimiento de la composición orgánica del capital, la caída tendencial
de la
tasa promedia de ganancia y la socialización objetiva de la producción.
En cuanto a la
concentración y centralización del
capital,
destaca que la competencia conduce a que solamente las más grandes de
las
empresas competidoras sobrevivan, esto es, las que dispongan de la
mayor
cantidad de capital, de tecnología de punta, etc. Las grandes empresas
devoran
a las pequeñas y el tamaño promedio de
las grandes empresas crece continuamente, lo que equivale a la concentración del capital. Aquellas
empresas que han sido destruidas por sus competidores a menudos
desaparecen en
la fusión hostil con estos, lo que corresponde con la centralización
del capital. La concentración y centralización del
capital significa, al mismo tiempo, la reducción, en cantidad, de las
empresas
de la pequeña y mediana industria o la desaparición progresiva de los
‘pequeños’ propietarios de capital. Esto significa a su vez que aquella
parte
de la población que está obligada de vender su fuerza de trabajo para
poder
sobrevivir, crece constantemente. Independientemente de que los
salarios sean
magros o abundantes, nunca dejan de tener la sola función de satisfacer
las
necesidades diarias y a lo mejor cubrir algunos bienes de consumo
duraderos de
los asalariados. Los salarios nunca permitirán al trabajador acumular
una
fortuna, ni mucho menos fundar una empresa que sea competitiva en el
mercado
capitalista global. En este contexto la economía política marxista
habla de la proletarización progresiva de la población
trabajadora.
En cuanto a la tercera
ley de movimiento, el crecimiento de la composición
orgánica del
capital, cabe recordar que el capital está compuesto de dos partes,
el
capital constante (invertido en forma de máquinas, edificios, materias
primas,
etc.) cuyo valor permanece constante dentro del proceso de producción y
está
siendo conservado por la fuerza de trabajo, que transfiere una parte
del mismo
al valor del producto final. La otra parte es el capital variable o la
fuerza
de trabajo viva, humana.
La relación entre el
capital constante y el
capital variable
es de doble carácter: consiste, por un lado, en una relación
técnica en cuanto que las máquinas necesitan procesar
materias primas y tienen que ser operadas por trabajadores. Por otro
lado,
tiene carácter de una relación de valor
referente a la cantidad necesaria de trabajadores para operar una
determinada
cantidad de máquinas, etc. Esta relación de doble carácter se llama la composición orgánica del capital.
Ahora bien, sucede, que con el desarrollo del capitalismo industrial la
composición orgánica del capital tiende a ‘crecer’, quiere decir, el
capital
constante – máquinas, edificios, materia prima – crece relativo a la
parte
variable, que es la fuerza de trabajo viva. Es así como el ‘trabajo
muerto’ –
la máquina – sustituye al trabajo vivo, y con ello la única fuente de
la
plusvalía, ya que solo el capital variable o la fuerza de trabajo viva,
humana,
genera ganancia mediante el plus trabajo.
El resultado de la
creciente composición orgánica
del
capital es la caída tendencial de la tasa
promedia de ganancia. La ganancia tiene la tendencia de caer en
relación a
la masa total del capital, ya que sólo el capital variable produce
plusvalía,
aunque hay que señalar que existen tendencias contrarias que reviertan
o
suavizan temporalmente la caída tendencial de la tasa promedia de
ganancia,
como por ejemplo la explotación intensificada de los trabajadores por
los
métodos anteriormente mencionados.
Finalmente, la economía
política marxista
considera como
lado potencialmente positivo de la acumulación del capital, la socialización objetiva de la producción,
lo que quiere decir que por primera vez en la historia humana existe
efectivamente
una infraestructura económica y tecnológica entrelazada a escala
mundial, que
puede servir a la humanidad como fundamento de una posible, futura
sociedad socialista
basada en la cooperación, en la solidaridad y la planificación
consciente de la
producción a escala mundial.
Las contradicciones
internas más resaltantes del
modo de
producción capitalista son, primero, la organización cada vez más
planificada y
consciente de la producción dentro de
las empresas capitalistas particulares, frente a la anarquía de la
producción
capitalista en general; segundo, la socialización objetiva de la
producción frente
a la propiedad privada de los medios sociales de producción y la
apropiación privada
de la ganancia producida; tercero, la constante ampliación de las
fuerzas de
producción frente a la limitación salarial y del consumo de las grandes
masas
laborales; cuarto, el potencial liberador del progreso de la ciencia y
tecnología frente a su transformación en fuerzas destructivas en forma
de
tecnología bélica al servicio de la acumulación del capital y quinto,
las crisis
recurrentes y luchas de clases inevitables que socavan las condiciones
de una
acumulación ‘normal’ o ‘pacífica’ del capital.
Crisis periódicas de
sobreproducción
Quizás el fenómeno más
perverso que se da de una
manera inevitable
en el modo de producción capitalista es el de las crisis periódicas de
sobreproducción. Las crisis en el pasado, en las sociedades
precapitalistas, solían
ser interrupciones de la producción social por razones de escasez
causada por catástrofes naturales o sociales como cosechas
insuficientes, epidemias, enfermedades, guerras, etc.
En la sociedad
capitalista las crisis o
interrupciones de la
producción social se dan por razones de abundancia
o sobreproducción cuando las mercancías no encuentran quienes las
compren. Entre
las causas de las crisis periódicas de sobreproducción en el
capitalismo figuran,
el desarrollo principalmente ilimitado
de las fuerzas productivas frente a un poder de compra principalmente limitado de la masa de consumidores; la
caída de la tasa de ganancia y la anarquía de la producción capitalista
en
general. Las crisis de sobreproducción conducen a una especie de
reacción en
cadena en la que a la caída de precios le sigue la bancarrota de
empresas, la
pérdida de valor del capital y el desempleo. Perversamente, las crisis
económicas en el capitalismo que acarrean desempleo y miseria y que
desvelan de
un solo golpe la inmensa cantidad de trabajo o producción social
desperdiciada,
tienen una función de ‘ajuste’ que se efectúa sobre las ruinas y
miserias: la
misma depresión en la que el ‘ejército de reserva industrial’ engrosa
sus filas
por millones de personas que han perdido su trabajo, es aprovechada por
el
capital para explotar al máximo a la fuerza de trabajo, lo que conduce
a un nuevo
auge de la tasa de ganancia y de la acumulación del capital.
El movimiento
cíclico
de la producción capitalista con sus etapas consecutivas: recuperación,
auge, alta
coyuntura, crisis, depresión, constituye una característica
singular del modo de producción capitalista; ningún
otro modo de producción en la historia humana la ha conocido. Sin
embargo, hay
un elemento positivo en relación a las crisis económicas en el
capitalismo: pueden
conducir, y efectivamente conducen, una y otra vez, a unas crisis
sociales y políticas de
proporciones explosivas, ya que demuestran
la inviabilidad y lo absurdo del
sistema capitalista y, con ello, la necesidad imperativa de su pronta
superación.
(1) K. Marx, Kapital I, MEW 23, 58,
nuestra traducción.
(2) K. Marx, Kapital
I, MEW 23, 193, nuestra traducción.
(3) K. Marx, Kapital
I, MEW 23, 333; nuestra traducción.
(4) K. Marx, Kapital
I, MEW 23, 333., nuestra traducción
(5)
K. Marx, Theorien über den
Mehrwert I, MEW 26.1, 19, nuestra traducción.
(6) K. Marx,
Deutsche Ideologie, MEW 3, 21f.,
nuestra traducción.
(7) K. Marx, Kapital
I, MEW 23, 53, nuestra traducción.
(8) K. Marx, Kapital
I, MEW 23, 54, nuestra traducción.
(9) K. Marx, Kapital
I, MEW 23, 54, nuestra traducción.
(10) K. Marx, Kapital I, MEW 23, 55, nuestra
traducción.
Bibliografía
utilizada
Karl Marx, Das Kapital, Band 1, MEW 23, Dietz
Verlag, Berlin
1972
Karl Marx, Theorien
über den Mehrwert I, MEW 26.1,
Dietz Verlag, Berlin
1965
Karl Marx, Die
Deutsche Ideologíe, MEW 3, Dietz
Verlag, Berlin
1969
Ernest
Mandel, Einführung in den Marxismus,
ISP Verlag, Frankfurt am Main 1984.
Bibliografía
recomendada
P. Nikitin, Economía
Política, Gráficas Modernas, Bogotá 2004.
Ernest Mandel, Tratado
de Economía Marxista, 3 Tomos, Serie Popular Era 52, 53 y 54
respectivamente, México1978.