APRENDER DEL MARXISMO
EXPOSICIÓN 2: Perspectiva histórica del
Manifiesto Comunista viviente
Por: Franz J. T.
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(3.
continuación)
(1.
hacia atras)
El
marxismo, al igual que la misma Revolución Bolivariana, no cayó del
cielo azul como maná, es simplemente histórico, es un producto
histórico del actual modo de producción y destrucción, o sea, del
capitalismo. El marxismo es su verdadera negación dialéctica, es una
parte intrínseca de la propia historia natural y humana, y de la
auto‑defensa revolucionaria de los trabajadores. Cualquier cosa
histórica que se encuentre en proceso dialéctico y que sea
contradictoria, en otras palabras, que esté viva, nunca podrá volverse
obsoleta, nunca podrá terminar en el basurero de la historia. Así que
condenar al marxismo a la obsolescencia ideológica de forma miope y sin
pensarlo significa primero, un llamado a la barbarie y a la destrucción
total por parte del capitalismo, segundo, la destrucción de la historia
viviente y, finalmente, la execración global de la propia humanidad.
No es extraño que el estalinismo, el fascismo, el nazismo, el
apartheid, el sionismo, el capitalismo, el imperialismo, el
neo‑liberalismo, la democracia burguesa y la Iglesia institucionalizada
sean todos anticomunistas y anti‑marxistas. Pero, ¿significa esto que
nosotros también tenemos que juntarnos a su odio contra los
trabajadores, contra los oprimidos de la Tierra? Ciertamente no. Por lo
tanto, como revolucionarios y libertadores tenemos que ser muy
cuidadosos, tenemos que ser muy precisos en lo que decimos, en lo que
hacemos y en lo que diseminamos a escala global.
Dentro de la actual discusión teórica de la futura militancia
socialista en Venezuela, respecto a la fundación del nuevo Partido
Socialista Unido de Venezuela (PSUV), así como en lo referente a la
necesaria reforma constitucional y especialmente a lo que debe ser la
esencia política del socialismo bolivariano, es pertinente formular
nuestros proyectos populares, gubernamentales, nuestras políticas y
nuestros conceptos operacionales con mucha prudencia; es decir, con la
incisión científica y la precisión filosófica necesarias.
Una práctica indiferente y repetitiva acompañada por una
correspondiente ideología osificada aprendida al caletre, que
generalmente utiliza ideas fijas obsoletas, absolutas y absolutistas
como por ejemplo las basadas en antiguas creencias religiosas
opresivas, ya heredadas de la época del pleistoceno socio‑histórico en
donde reinaban las relaciones amo‑esclavo primitivas, ciertamente
pondrán en peligro al socialismo bolivariano en su lucha de vida o
muerte contra el globofascismo metropolitano.
En el actual mundo apocalíptico de la globalización, en el cual el
imperialismo corporativo metropolitano ya ha desarrollado y planificado
el uso mortal de tecnología oculta y de armas de destrucción masiva
contra las fuerzas laborales que se están volviendo obsoletas, son muy
pocos los que realmente pueden reconocer el gran peligro en que se
encuentra la humanidad en este momento. Miles de millones de
'condenados de la Tierra' como los llamara Frantz Fanon, no tienen la
más mínima idea sobre los proyectos imperialistas de guerra y
experimentos perversos que se han desarrollado e implementado en el
pasado y que se están desarrollando hoy, y que abarcan desde el control
mental hasta la manipulación del clima. Estar a las alturas de lo que
está pasando en el mundo hoy es imperativo para poder lanzar
estrategias en contra de este tipo de amenazas.
Realmente, aquí en nuestro planeta Tierra, en el tercer milenio, es
bastante insuficiente y frustrante el verdadero nivel de 'información'
y el grado de 'educación' sobre cualquier cosa del pasado, del presente
o del futuro que tenga que ver con la emancipación de las masas
trabajadoras. En las escuelas y universidades los temas referentes al
socialismo, al marxismo y a la historia de las luchas de clases de
todos los trabajadores del mundo han sido expulsados de los procesos
modernos de socialización y educación. En los principales medios de
comunicación de masas globales la eterna avalancha de campañas de
desinformación y las mega‑mentiras sobre Venezuela, fabricadas
deliberadamente, ya han alcanzado niveles patéticos y criminales. La
guerra de las ideas es feroz y no estamos lo suficientemente armados
para la actual batalla que normalmente precede a las invasiones
imperialistas violentas.
Así que es importante que volvamos a refrescar nuestra memoria
transhistórica, o por lo menos que pensemos, captemos y estudiemos por
primera vez por nosotros mismos la práxis y teoría revolucionaria de
nuestros libertadores del pasado, como por ejemplo y entre muchos
otros, Simón Bolívar, Francisco de Miranda y José Martí en América
Latina, Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah y Amilcar Cabral en África, Mao
Tse Tung y Ho Chi Minh en Asia, y hasta un Walter Rodney en el Caribe.
Además, si estamos interesados en la realización del socialismo y la
emancipación a escala mundial, entonces una condición sine qua non es
estudiar los actos y las ideas anti‑capitalistas de los padres del
socialismo científico y filosófico viviente, Carlos Marx y Federico
Engels, especialmente su Manifiesto del Partido Comunista, que fue la
primera teoría proletaria científica y filosófica de la globalización,
de sus contradicciones dialécticas inherentes, de su afirmación
burguesa y su negación proletaria. Ahora bien, hay quienes argumentan
que Marx y Engels son obsoletos ya que escribieron unos 150 años atrás.
En este caso, ¿qué es lo que tendríamos que decir sobre Platón,
Aristóteles o Jesucristo, quienes vivieron milenios atrás? Esta
fraseología ideológica está muy lejos de la verdad fluyente. El
socialismo científico y filosófico marxista, de hecho, nunca ha sido
tan actual como hoy lo que demuestra que la obsolescencia o actualidad
no es siempre una cuestión del tiempo lógico formal.
Por otra parte, conceptos acuñados en el pasado pueden sufrir una
transformación como ocurrió con el concepto 'práxis', utilizado por
Aristóteles para diferenciar a la 'herramienta que habla' o esclavo,
del zoon politicon o verdadero ciudadano de la polis, y que luego
recibió otra connotación, la del acto revolucionario y transformador de
la realidad, por Carlos Marx. Y es en este mismo sentido, que este
concepto está siendo utilizado progresivamente en Venezuela, donde ya
no se habla tanto de práctica (los actos cotidianos, repetitivos) sino
precisamente de 'práxis' (acto revolucionario y transformador), tal y
como lo utilizó en varias ocasiones el presidente Chávez en sus
recientes discursos sobre la reforma constitucional.
Los académicos eruditos socialistas saben que el Manifiesto Comunista,
redactado hace casi 160 años por Carlos Marx y Federico Engels (en
vísperas de las revoluciones europeas de 1848), es el documento
político más poderoso jamás escrito y que sigue siendo uno de los
textos más populares. De hecho, "según el Libro Guinness, el Manifiesto
Comunista permanece en segundo lugar después de la Biblia como el libro
más vendido de todos los tiempos. El año anterior, cuando en Gran
Bretaña se produjo una nueva edición en miniatura, los editores
quedaron sorprendidos ante el hecho de que se habían vendido más de 60
mil copias" 1)
Tal y como sucede con el Manifiesto Comunista, hoy por hoy uno de sus
autores, el propio Carlos Marx, sigue apareciendo en los titulares a
nivel mundial. Así es como por ejemplo, hace dos años, según el 'Sunday
Times' británico del 19 de junio de 2005, en un artículo titulado
'Carlos Marx lidera una encuesta de la BBC sobre filósofos', se nos
dice que incluso
"Melvyn Bragg, el representante de 'In Our Time' (En Nuestro Tiempo),
está confundido por el liderazgo de Marx. Dijo que votaría por Kant, un
filósofo alemán del siglo XVIII, quien en la encuesta salió favorecido
por A. C. Grayling, catedrático de filosofía en el Birkbeck College de
la Universidad de Londres." 2)
En efecto, un señor mil veces declarado 'obsoleto', muerto y enterrado,
Carlos Marx, ganó la encuesta de Radio 4 de la BBC en el año 2005 como
"el filósofo más grande de todos los tiempos". El Times comentó este
hecho de la siguiente manera en su titular: "¿Cuál es su nombre, el del
genio número uno del mundo? ‑ Fue elegido el intelectual más grande,
pero pocos saben quién es." Y esto es precisamente el problema, que
pocos saben quien es, quien fue, y cuál fue su magnífico pensamiento.
Así es como la verdad sobre el marxismo ha sido y sigue siendo borrada
de la memoria de la humanidad revolucionaria por los amos corporativos
del universo. Nosotros realmente no deberíamos tocar la misma melodía
reaccionaria ideológica, ni apoyar su peligroso juego anti‑comunista,
ni deberíamos participar tampoco en su práctica explotadora.
Esta es la razón por qué el socialismo venezolano tiene que introducir
y dar a conocer el verdadero marxismo contemporáneo viviente y
viceversa, empezando con el propio Manifiesto Comunista, que será
introducido por nosotros aquí para resaltar su suma actualidad y
relevancia para la Revolución Bolivariana.
Fieles a la verdad histórica fluyente tenemos que resaltar que Marx no
sólo fue el 'filósofo más grande' o 'el genio número uno', sino que
junto a su camarada socialista Federico Engels desarrolló la primera
explicación científico‑económica del funcionamiento de las leyes
tendenciales del desarrollo del modo de producción capitalista. Marx y
Engels formularon, en efecto, la primera teoría de la globalización.
Entre otros escritos, en sus artículos referentes al lejano Oriente,
Marx predijo la entrada en existencia de una especie de Fondo Monetario
Internacional (FMI) o Banco Mundial. Cabe destacar que conjuntamente
con Engels desarrolló una práxis y teoría revolucionaria para el
proletariado mundial, siendo estos los prerrequisitos para la
introducción del socialismo científico y filosófico moderno.
El capitalismo se globalizó, pero no salió de los límites filosóficos
del análisis marxista, por ejemplo, aquellos mencionados en El Capital.
Peor aún, el capitalismo tiene que cruzar el Rubicón del 'socialismo o
barbarie' de Rosa Luxemburgo para volverse obsoleto. Como lo explicó el
filósofo Immanuel Kant, en cada proceso llegará un punto en que las
cosas se vuelven totalmente reconocibles. En este sentido, también en
Venezuela el socialismo se aproxima a su cima, a la hora de la verdad
global y globalizada, a la 'hora cero'. Preguntémonos entonces cuál es
el contexto histórico del Manifiesto Comunista, de este espectro que
tanto miedo le da al capitalismo hasta el día de hoy. ¿Por qué tanto
miedo al comunismo, por qué tanta difamación, tanto odio al 'Castro
comunismo', al Chavismo, al 'Evoismo'?
Desde la cuna hasta el féretro y en todos los centros de educación
oficial burgués‑capitalista, el marxismo y la historia de la lucha de
clase de los trabajadores se convirtieron en tabú, cayeron víctimas de
una cacería de brujas y fueron eliminados progresivamente de los
programas de las escuelas y universidades. Peor aún, todo un siglo de
sangrientas 'revoluciones socialistas' contra la subyugación, hechas en
nombre del 'marxismo‑leninismo', fueron abortadas por el terror
imperialista y Marx fue declarado obsoleto. Para colmo, muchos
revolucionarios y gran parte de la Izquierda se tragaron este cuento
anti‑marxista con todo y anzuelo.
Basta tan sólo con ver quiénes son los que odian al marxismo, es decir,
identificar a aquellos quienes saquean al mundo para que el
proletariado mundial tenga razón suficiente para empezar a estudiar el
marxismo y el socialismo. Sin embargo, no es sólo cuestión de agarrar
un panfleto publicado por millones en casi todos los idiomas del mundo
y después botarlo porque la única cosa que se entendió fue la frase
introductoria: "Un espectro recorre a Europa ‑ el espectro del
comunismo". Leer, entender y pensar son cosas muy diferentes. Hay que
conocer el trasfondo histórico, el marco histórico dentro del que
surgió este escrito para luego poder analizarlo y probar si es todavía
aplicable hoy. Sólo así se podrá saber si tienen 'razón' los que desde
'el exilio' lamentan la imposición del 'Castro comunismo' en Venezuela.
Sólo así se podrá saber qué es el anti‑capitalismo, el
anti‑imperialismo, el socialismo científico filosófico, la práxis y
teoría emancipatoria, en fin, el marxismo.
Antes de poder hablar de una posible obsolescencia y para entender y
poder aplicar las armas trans‑históricas, práxicas y teóricas de la
emancipación mundial proletaria marxista, primero hay que tomar en
cuenta ciertos factores científicos. Hay que entender que los autores
de este documento trascendental se volvieron 'marxistas' sólo alrededor
de 1843, pocos años antes de las revoluciones de 1848. De hecho, Engels
se volvió 'marxista' incluso antes que el propio Marx. Esto indica que
el salto cualitativo del socialismo utópico al socialismo científico ya
estaba en el aire revolucionario europeo. Dicho a manera de analogía
hegeliana, Marx y Engels sólo fueron una especie de 'secretarios del
espíritu del mundo' proletario. En el Manifiesto Comunista formularon
el abecedario transhistórico de las futuras luchas de clase
socialistas, comunistas y emancipatorias a nivel global contra el
capitalismo como modo de destrucción.
Sin embargo, y esto vale especialmente para la Revolución Bolivariana
en la actualidad, para poder entender este documento que sólo fue
superado por la Biblia en cuanto al número de copias publicadas, hay
que seguir ciertos pasos metodológicos. En las siguientes páginas
intentaremos aproximarnos a esta importante tarea revolucionaria,
tratando de mostrar su relevancia para la Revolución Bolivariana.
Para entender el socialismo científico y filosófico, es decir, el
marxismo, y para comprender por qué un partido socialista no se puede
implementar como un acto de voluntad política desde arriba mediante
decretos o directrices, se necesita una 'Misión Educación' bien
organizada y planificada dentro del contexto de una revolución cultural
amplia. Ciertamente, en la época de la globalización, juzgando sólo por
medio de su ignorancia, a cualquier individuo sin raíces proletarias y
sin un conocimiento profundo de ciertas realidades históricas claves,
le debe parecer 'obsoleto' el marxismo. Estas realidades históricas
son: El fondo histórico del Manifiesto Comunista; el fermento
intelectual en Europa alrededor de 1848; el desarrollo desde la
economía política nacional hasta la economía política internacional; el
desarrollo desde la filosofía idealista clásica alemana hasta el
materialismo mecánico‑burgués y el materialismo dialéctico histórico
proletario internacional; las relaciones laborales alienadas en la
sociedad capitalista industrial moderna; el nacimiento del marxismo
como negación dentro de la Revolución francesa e industrial en Europa y
en otras partes; la esencia política, práxico-teórica del Manifiesto
Comunista y su relevancia para cualquier revolución anti‑capitalista en
Venezuela, América Latina o en otros lugares; y finalmente la
dialéctica emancipadora del siglo XXI entre el marxismo viviente y la
Revolución Bolivariana, y en la batalla "socialismo o barbarie".
Obviamente es imposible tratar todos esos temas extensamente en unas
pocas páginas y merecerían más bien una serie de talleres con una
intensa participación popular y un verdadero trabajo de campo; en
realidad y como dijimos anteriormente, necesitamos urgentemente una
'Misión Educación', 'Misión Marx y Engels', una 'Misión Conciencia'
permanente en forma de una universidad popular, una verdadera
Universidad Socialista del Pueblo. En la lucha global contra el
fascismo metropolitano moderno ignorar las armas transhistóricas de la
verdadera ciencia y filosofía marxista significa simplemente lanzarse
en 'aventuras' temerarias y programar desde el comienzo una serie de
fracasos. Por ejemplo, desde la teología de la revolución de un Thomas
Münzer al comienzo del siglo XVI hasta la teología de liberación de un
Camilo Torres del siglo XX, ¿qué es lo que realmente hemos aprendido de
la máxima expresión de la alienación humana, de la religión? ¿No hemos
llegado a conocer todavía aquél famoso enunciado del obispo inglés,
Charles Kingsley, mucho antes que lo dijera un Marx? "Hemos utilizado
la Biblia como si fuese un simple manual policíaco especial, como una
dosis de opio para mantener pacientes a los animales de carga mientras
que están siendo sobrecargados." 3)
Hay que ir a las raíces, hay que erradicarla alienación humana por sus
raíces que son la explotación económica, la dominación política, la
discriminación social y la militarización universal. No podemos tolerar
más caricaturas del socialismo como lo fue el estalinismo o el
socialismo nacional que en nada tocaron los cinco pilares del
capitalismo y derramaron ríos de sangre inocente.
*******
Notas
1)
http://pubs.sociafstreviewindex.org.uk/sr215/morgan.htm
2)
http://www.timesonline.co.uk/tol/news/uklarticie533688.ece
3) Original
en inglés: We have used the Bible as if it was a mere special
constable's
handbook, an opium dose for keeping beasts of burden patient while they
are
being overloaded; Charles Kingsley (1819‑1875), "Letter to the
Chartists", en: Politics for the People, No. 4, May 27, 1848, London.
*****
(3.
continuación)
(1. hacia atras)

****
Bolivia: Ha comenzado a implementarse el complot
subversivo
Por:
Jorge Echazu Alvarado
La
derecha reaccionaria y fascista con su cabeza operadora en la
tristemente famosa CONALDE, de prefectos y Comité Cívicos, ha iniciado
ya muy
claramente la implementación de su complot subversivo que lo tiene
preparado
desde hace mucho tiempo atrás.
Lo
que esperaba este trágico complot contra
el proceso de cambio y el Gobierno de Evo Morales, era únicamente que
se vayan
acumulando los conflictos parciales en todos y cada uno de los sectores
sociales, en cada una de las regiones y en cada uno de los
departamentos, con
el propósito de crear, además, con la eficaz colaboración de los medios
de
comunicación que son de su propiedad, una apariencia de caos y anarquía
generalizados y que determinen una sensación de inseguridad de tal
naturaleza
que haga viable el derrocamiento del gobierno con una, más o menos
extendida,
aceptación general.
No se
entiende de otro modo, el surgimiento
de una serie de conflictos artificiales y algunos reales que llevan
agua al
molino subversivo. Los mineros cooperativistas de Potosí extienden su
conflicto
sin escuchar argumento alguno en torno a sus desmedidas peticiones; los
industriales de la construcción anuncian medidas cada día más
radicales, los
agro-industriales amenazan con la elevación de los precios de los
productos
alimenticios que ocasionarían un verdadero desastre en la economía
popular con
el alza desmedido y provocado de esos artículos de primera necesidad;
los
transportistas anuncian paros indefinidos, los maestros trotskistas,
como de
costumbre, se suman al complot casi como "obligación"; los
trabajadores de Salud amenazan igualmente con paros y bloqueos.
Finalmente la
Confederación de
Empresarios de Bolivia, (Los Dabdub y Cia), ha lanzado la voz de orden
para
desestabilizar la economía del país.
Por
otro lado, tenemos la presencia
troglodítica del fascismo más desenfrenado que significa la llamada
"Unión
Juvenil Cruceñista" que ya se siente dueña de dos terceras partes del
país. Las brutales golpizas contra la población, los indígenas y los
campesinos, así como también contra todo divergente, han llegado a un
punto que
lastima la dignidad de todos los ciudadanos corrientes. No tiene ya
ninguna
explicación la pusilanimidad del gobierno frente a los atropellos que
cometen
estos delincuentes en Santa Cruz, en Pando, en Tarija, en Sucre, en
fin, en
todo el territorio nacional.. A vista y paciencia de toda la prensa,
incluso la
comprometida con el complot, se cometen los delitos más repugnantes que
podemos
apreciar todos los días en las pantallas televisivas. Las salvajes e
ignominiosas agresiones de grupos de energúmenos que golpean y patean
en el suelo
a inocentes ciudadanos ya son moneda corriente. Los casos de René
Vargas, de
los campesinos pandinos, de los "pobres" constituyentes, de los
diputados de Sucre, del ex-prefecto de Chuquisaca, en fin de los
cientos y
cientos de casos de agresión fascista contra el pueblo, no tienen como
respuesta sino "declaraciones" de repudio de parte de las
autoridades. Finalmente el atentado claro contra la vida del c.
Morales,
refuerza nuestro criterio de que la derecha ha comenzado ya a poner en
funcionamiento
su complot subversivo.
Cuando
estas autoridades llaman a la
"justicia" o al Ministerio Público para que actúe en estos casos
flagrantes de violación de todos los derechos humanos, no cabe sino una
sonrisa
complaciente frente a la ingenuidad de esos personeros del Gobierno. Si
sabemos
a ciencia cierta que los jueces, los fiscales, incluso otro tipo de
autoridades, están temblando de miedo de ser agredidos por los
facinerosos que
se mueven en grupos de matones bien subvencionados por los prefectos y
los
dirigentes "cívicos" de la "media luna" que utilizan los
recursos del IDH precisamente para financiar todas sus tropelías.
Desde
el punto de vista teórico se debe
comprender que la soberbia y la arrogancia de los grupos y escuadras
fascistas
se sienten estimuladas teniendo su origen precisamente en la inacción y
pasividad del Gobierno y de las autoridades que tienen legalmente el
derecho de
usar la fuerza publica para reprimir esos hechos delincuenciales. Todos
los
ciudadanos observan sorprendidos la desfachatez de "dirigentes"
cívicos de provincias y lugares en los cuales, se dice, no tiene pisada
nada
menos que el Presidente de la República..
Parece
ser que la política del gobierno es la
de presentarse ante el pueblo como la "víctima" democrática y
pacifista que rechaza definitivamente la violencia, para lograr un
apoyo
popular o generalizado. Ante esta "política" se debe aclarar que,
frente al fascismo, hay solamente dos alternativas: o las sociedades se
someten
a las brutalidades del fascismo como el caso de lo judíos o, por el
contrario,
se resiste con todas las fuerzas y con todos los recursos como
propugnamos los
comunistas. En el primer caso, todas las determinaciones de
conciliación con
esa derecha no hacen sino aumentar su soberbia y arrogancia que, en
nuestro
caso, ya ha colmado toda la paciencia.
Como
el gobierno y sus personeros no son los
que sufren directamente las agresiones, se permiten censurar las
manifestaciones y reacciones condignas de la población, entonces
aparecen los
"pacifistas" que condenan "toda" violencia cuando ésta
proviene de los sectores populares, pero callan por el forro cuando se
desborda
la violencia insolente de los reaccionarios y sus bandas.
La
explicación que podemos ensayar en torno a
la precipitación de la derecha fascista con la que están actuando en
cuanto al
cumplimiento de sus planes subversivos, es que temen que Evo Morales
sea
ratificado con una importante mayoría en el referéndum
revocatorio/ratificatorio. Entonces sería un hecho que las
posibilidades
políticas de la derecha prefectural y comiteísta, se verían seriamente
dañadas.
Por lo tanto están acelerando sus planes y, con seguridad, lanzarán su
ofensiva
final antes del 10 de agosto.
La
derecha reaccionaria debe saber que cuando
su complot en plena implementación llegue al momento de su culminación,
tendrá,
con seguridad, al frente al pueblo boliviano, a sus campesinos y
obreros, a sus
naciones originarias y que estas fuerzas que conocen sus
potencialidades no
cesarán sus esfuerzos de enterrar a esa bestia apocalíptica que es el
fascismo
criollo.
Todos
los revolucionarios y todos los que, de
una u otra forma, apoyamos, respaldamos el proceso y propiciamos su
profundización y radicalización, debemos estar conscientes que la hora
de las
definiciones se acerca raudamente.
*****
http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2008062509
**** Wilpert Takes Stock of the Bolivarian
Revolution
June 26th 2008, by Derrick O'Keefe - Rabble.ca
Review:
Changing
Venezuela by Taking Power, by Gregory Wilpert (Verso, 2007;
CAN$33.50)
Gregory Wilpert has pulled off a triumph on two fronts with his new
book on the Bolivarian Revolution, Changing Venezuela by Taking Power.
Most obviously, Wilpert's book — in both its scope and (sometimes
almost maddening) objectivity — is the most detailed and credible
analysis yet published of the Venezuelan revolution, which itself
represents, arguably, the single most significant challenge today to
the hegemony of global capitalism.
But Wilpert has not just produced a comprehensive look at the social,
economic and political transformation that has shaken the foundations
of Venezuela over the past decade; he has also delivered a sharp rebuke
to one of the trendiest, if dubious, political theories to appear on
the academic left in recent years. Wilpert's title is an unsubtle blast
at John Holloway's Changing the World Without Taking Power, a book that
with its theoretical ambition (and pretension) rivals Michael Hardt and
Antonio Negri's Empire in its attempt to carve out a new radical
theoretical manifesto — something that is about the last thing the Left
needs anyway, but I digress.
Holloway, a British academic who has been amongst the leading
chroniclers of the Zapatista movement in the Mexican province of
Chiapas which announced itself dramatically with an armed uprising on
January 1, 1994 (the day NAFTA took effect), makes the case that the
Left should abandon the field of struggle for state power. In defense
of this recommendation, Holloway points to the historic failures of
both state socialism(s) and social democratic attempts to transcend or,
in the latter's case, even reform capitalism in any meaningful or
permanent way. Elevating some of the success of the indigenous
resistance in Chiapas to the level of universal prescriptions, Holloway
argues that progressive forces should focus only on building autonomous
spaces of "anti-power," organizing on the local level and slowly
developing alternatives in every aspect of life and work in order to
eventually overwhelm the alienating and violent capitalist system.
Against this theory of abstention at the level of the state, enter the
radical and inspiring example of the Venezuelan experience since 1998,
where the presence of an aggressively left-wing elected government has
helped encourage the growth of community organizing and popular
participation. Wilpert gives the basic chronology of the process, which
has steadily radicalized as it has beaten back right-wing attempts to
overthrow it. Wilpert spends very little time polemicizing against
Holloway directly. Instead, he rolls out chapter after chapter spelling
out the tremendous scope of change that has taken place since Hugo
Chavez was first elected. Wilpert, for instance, examines in detail
changes in governance policy which aim to implement the inclusive,
participatory democracy outlined in the 1999 Bolivarian Constitution,
which was ratified by referendum and has become the "little blue book"
of the revolution — both studied intensely and carried in pocket-sized
form by Chavez's partisans.
Subsequent chapters analyze economic, social and foreign policy. One of
the most interesting sections looks at one of the least reported
developments in Venezuela: the government’s promotion of the "social
economy," which "encompasses at least five closely interrelated
programs: redistribution of wealth (via land reform programs and social
policies), promotion of cooperatives, creation of nuclei of endogenous
development, industrial co-management, and social production
enterprises."
In fact, between 1998 and 2005, the number of cooperatives in Venezuela
went from under 1,000 to over 100,000. Here we have the Left, precisely
because it has captured state power, able to build alternatives to
capitalist hegemony. To provocatively use Holloway's term against his
argument, "anti-power" in Venezuela can better be built from the
bottom-up because the Left can promote its spread from the top down.
This contribution alone, and especially Wilpert's attention to detail,
would have been enough to recommend Changing Venezuela By Taking Power.
But Wilpert's coup de grace is that he also serves up utterly
unsentimental criticism where appropriate, and an unromantic assessment
of the contradictions, dangers and myriad challenges that the
Bolivarian Revolution faces. In this, Wilpert does not let his intimacy
and his engagement with his subject colour his analysis.
A couple of passages illustrate, for instance, a key Bolivarian
contradiction, and show that Wilpert eschews the simplistic "revolution
from below/from above" dichotomy that marks so much of the sectarian
literature on Venezuela. On the one hand, Wilpert notes the importance
of Chavez's "ability to bring together a previously very fragmented
movement of progressive civilians and military officers." This
charismatic leadership helped galvanize a movement:
It is
thanks to his ability to rally the poor that the
poor have broken with their traditional apathy for politics and their
pragmatic support for the democratic system of the past … Their support
for democracy is no longer pragmatic, but has become filled with the
hope that true democracy can transform the country into a more
egalitarian and just one.
But the leader's dynamism also poses risks to the ultimate achievement
of political and economic transformation. Although Wilpert notes that
the government has taken some measures to minimize the cult of
personality around Chavez, the problems of "personalism" are
substantial. Wilpert argues:
[As]
long as Chavez does not clarify the difference
between uncritical obedience and absolute loyalty, where the latter
allows for constructive critique and the former does not, he gives the
impression of being indispensable and unquestionable. More than that,
it is well known in Venezuela that, all too often, die-hard Chavistas
will immediately pigeonhole as "escualidos" (squalids, as Chavistas
like to call opposition supporters) those who are critical of some
aspect of Chavez or his government, even if the critic is otherwise a
supporter.
The strength of Wilpert's book is precisely this kind of frank,
surgical assessment. And while the author clearly thinks his subject is
important, he doesn't generalize from the Bolivarian experience a
recipe that others must follow. Holloway, in contrast, makes the
mistake of generalizing from the Zapatista experience, of which he is a
partisan, sweeping and — in fine post-modern academic form — often
semi-indecipherable theoretical conclusions.
Like all people who have organized for radical social change in
conservative times, the Venezuelans (along with the Bolivians and
others in Latin America) have and will face fierce opposition, both
domestically and internationally. The right-wing media outlets in
Venezuela itself have been so outrageous — the 2002 coup against Chavez
has even been termed the world's "first media coup" due to the overt
participation of the private media giants in the toppling of a
democratic government — they have caused their readership and
credibility to plummet. The prevalent smear jobs and caricatures of
Chavez's term in office in the international press have, unfortunately,
been considerably more effective.
As publisher of venezuelanalysis.com
— by far the best aggregator of English-language news and analysis
about politics in Venezuela — Wilpert has been steadily working to
expose and counter this misinformation campaign. His book compiles much
of this material, while organizing and presenting it in an accessible
way.
In Venezuela, the past decade has seen the shattering of the myth of
"the end of history" and its demoralizing corollary, "there is no
alternative." Today, the alternative(s) to capitalism remains to be
found and built, and it is of course up against innumerable obstacles,
attacks, false starts and errors. But the Bolivarian Revolution has
reminded us all that beyond just being a soothing slogan, it is indeed
possible to fight for another, better world. As Wilpert puts it,
"Venezuela is recuperating the utopian energies, which became exhausted
with the failures of state socialism, of social democracy, and of
neo-liberal capitalism, merely by trying a different and as yet
relatively unexplored path."
On that vital but difficult path to a world beyond neoliberalism, I
can't help but wish that there were more public intellectuals like
Gregory Wilpert, seriously engaged with processes of social change and
serious about communicating in broadly accessible language. Changing
Venezuela by Taking Power is a valuable addition to the bookshelves of
all those who are trying to make sense of, and change for the better,
our unequal world.
http://www.venezuelanalysis.com/analysis/3592

**** Obama o McCain: ¿Quién conviene a
América Latina?
1. Elección
estadounidense: asunto de seguridad nacional latinoamericana
El
desenlace electoral en Estados Unidos es un asunto de seguridad
nacional para los gobiernos latinoamericanos, debido al extraordinario
poder del coloso del norte y su naturaleza imperial. Por lo mismo, es
lógicamente imposible pensar en un presidente estadounidense que sea
“bueno” para la Patria Grande. La disyuntiva entre los dos candidatos
nos remite al juicio sobre el menos nocivo para la nación
latinoamericana.
2. Los Bloques de Poder Electoral (BPE)
Para
escoger la opción menos tóxica hay que abandonar la infantil idea de
que los presidentes del Partido Demócrata sean más pacíficos o
democráticos que sus homólogos republicanos. La praxis de todo político
---sus movimientos--- es la resultante dde las fuerzas (vectores) que
operan sobre él, tanto dentro del país como a nivel mundial. Los
intereses de esas fuerzas o “Bloques de Poder Electoral” (BPE),
determinan la naturaleza de cada proyecto presidencial y los grados de
libertad del candidato.
3. La bolsa de valores
El
sistema electoral burgués es el equivalente político de la bolsa de
valores. Cada candidato representa una opción de inversión en un
mercado de futuros. Los inversionistas (BPE) invierten conforme a la
tasa de “retorno” (ganancia) que esperan obtener, al triunfar su
candidato. Quién se equivoca es castigado por el “mercado” y pierde el
capital. Durante la fase de las primarias, el mercado electoral es
plural y ofrece diversas opciones al futuro. Después se reduce a un
duopolio y la prospectiva rentabilidad de la inversión se transparenta:
Obama o McCain.
4. ¿ Obama y McCain son iguales?
Minimizar
las diferencias entre Obama y McCain es tan peligroso, como
exagerarlas. Porque ambos candidatos representan, al mismo tiempo, el
interés general del sistema imperial estadounidense y el interés
particular del Bloque de Poder Electoral que los financia. Esa doble
lógica, sistémica imperial y clientelar, genera sus identidades y
diferencias.
No dudarán en ejecutar los intereses comunes de la
clase dominante, por ejemplo, la imposición de la Doctrina Monroe. Sin
embargo, las diferentes fracciones de esta clase (industrial,
financiera, militar, agraria, mediatica, etc.), pueden tener diferentes
modelos de optimización de sus intereses. Obama, por ejemplo, apoya el
Tratado de Libre Comercio con Perú, pero no el de Colombia, porque
necesita los votos del sindicalismo estadounidense que está en contra
del terrorismo de Estado de Uribe. Esas diferencias fácticas en los
modelos de optimización parecen insignificantes a la luz de un análisis
estructuralista, pero son de enorme importancia a nivel de la política
práctica.
5. Los modelos de optimización
El
modelo de optimización del interés sistémico y de la clientela de
McCain, tiende hacia la tradición de Theodore Roosevelt y Harry Truman
(separación de Panamá de Colombia y ataque nuclear a Hiroshima,
respectivamente), determinado por los poderes del complejo
militar-industrial, la petrocracia, el sionismo, ciertos medios (R.
Murdoch) y bancos. Obama tiende hacia el modelo-discurso de Franklin D.
Roosevelt (Four Freedoms , good neighbor policy, New Deal) ,
aunque en la praxis ha apoyado la agresión militar de Uribe contra
Ecuador, la agresión verbal contra Hugo Chávez y la planeada agresión
militar de Israel contra Irán.
El punto de partida de ambos
candidatos es el interés imperial de reconvertir a Estados Unidos en
una potencia mundial hegemónica. Sin embargo, la forma de hacerlo los
diferencia, teniendo Obama una fórmula de éxito más realista que
McCain.
6 . El escenario de Vietnam
Obama entiende que la situación de la pax americana
es la del presidente James Carter, después de la derrota en la Guerra
de Vietnam. Que la recuperación del liderazgo mundial presupone la
recuperación de la autoridad moral de Estados Unidos, además de
la manutención de su fuerza militar y poder económico. Carter resolvió
esa tarea convirtiendo a los derechos humanos en prioridad (discursiva)
de su política exterior. Obama va por el mismo camino, buscando un
reacercamiento táctico al Estado de derecho internacional, destruido
por Bush. Por eso, proclama el cierre del campo de tortura en
Guantánamo, la aceptación de las Convenciones de Ginebra y la adhesión
a la Corte Penal Internacional.
7 . La condición del triunfo de McCain
Es
prácticamente seguro que Obama ganará las elecciones de noviembre si
logra concentrar el debate electoral en torno a la necesidad del
“cambio”. Para McCain, la única posibilidad de ganar sería un escenario
de crisis, que motivara a la población a votar por un “comandante
experimentado”. La construcción de un escenario semejante al 11 de
septiembre, 2001, sería una posibilidad; una operación coordinada entre
los gobiernos terroristas de Uribe y Bush, sería otra. Pero, el
escenario más probable es un ataque de Israel a Irán.
8 . El ataque a Irán en la agenda electoral
El
reforzamiento de las sanciones contra Irán por la Unión Europea; la
debilidad del gobierno de Ehud Olmert; su política de distensión frente
a Siria, Hezbolá y Hamas, y el simulacro de un masivo ataque aéreo
contra Irán ---con más de cien aviones de combate sobre partes de
Grecia y el mediterráneo, la semana pasada--- hacen más probable este
escenario. El primer ensayo general de la agresión a Irán autorizado
por Bush, fue el ataque israelí a Hizbolá, en 2006. Es significativo,
que pese al fracaso de aquél ensayo, Israel insiste en realizar el
ataque preventivo, para el cual necesita aprovechar el resto del poder
que le queda a la facción neoconservador-sionista en la Casa Blanca.
Fuera de este escenario los Republicanos no pueden ganar las
elecciones.
9. Obama, el mal menor
Para América Latina, el “mal menor” entre los dos funcionarios
imperiales es, sin duda, Barack Obama. La política práctica
de los gobiernos y movimientos latinoamericanos debe posicionarse sobre
esa realidad, siempre que no se le olvide que la política de los
imperios “no tiene amigos, sino solo intereses”.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=69511
**** “El enemigo más peligroso de la
revolución esta dentro y es la quinta columna reformista”
Corriente Marxista Revolucionaria
Con
enorme interés 200 trabajadores de PDVSA en el edificio de su sede en
Monagas, escucharon el martes 17 de junio, a Alan Woods presentado su
libro “Reformismo o Revolución, marxismo y socialismo del siglo XXI,
respuesta a Heinz Dietrich”. El evento que comenzó a las 9 de la mañana
con una rueda de prensa del camarada Alan ante los medios de
comunicación del estado Monagas y nacionales, continuo tras su discurso
al auditorio de trabajadores para finalizar a medio día con el bautismo
del libro por los camaradas de la gerencia de PDVSA oriente, al frente
de los cuales se haya el camarada Pedro Coronil. Muchos de estos
gerentes son veteranos dirigentes de la izquierda venezolana que
después de estar años en la lucha contra el régimen burgués de la IV
republica se encuentran ahora al frente de la industria más importante
del país.
Entre medias de la rueda de prensa y el bautizo del
libro, durante una hora, Alan Woods dedico su intervención a rebatir
los argumentos de los sectores reformistas y que son la base de su
libro. “Escribí este libro para rebatir las ideas reformistas de Heinz
Dietrich”.
¿Bajo nivel de conciencia para construir el socialismo?
Para
empezar el camarada Alan critico a todos aquellos que mantienen que los
trabajadores y el pueblo tienen un bajo nivel de conciencia y que
afirman que Venezuela no esta preparada para el socialismo. “Me canso
de esta canción miserable de los reformistas” afirmo.
Alan
recordó que había sido el pueblo el que salvo la revolución en abril de
2002. Cuando la presión de los sectores reformistas llevo al comandante
Chávez a negociar con los capitalistas, estos en respuesta organizaron
el paro patronal en 2003. “Estos llamados al dialogo no convencieron ni
a la oposición, ni a los capitalistas, ni al imperialismo, al contrario
les convencieron de que este era un gobierno débil y que podían
derribarlo.” . “La debilidad invita a la agresión” Afirmo Alan. “Solo
el pueblo, la clase trabajadora, salvo de nuevo a la revolución,
mientras muchos se escondían debajo de la sabana o compraban boletos de
avión para salir del país”.
“Los reformistas dicen que debemos
hacer una alianza con la burguesía”. “Esta política se intento y
fracaso” .“Los capitalistas pese a ser derrotados en 2002 y 2003
volvieron de nuevo a la carga, con el referéndum revocatorio de 2004”
.Y dirigiéndose al auditorio Alan pregunto ¿Y Quién derroto el
referéndum revocatorio de 2004?. El pueblo! Grito al unísono todo el
auditorio, que estallo en aplausos.
Alan señalo que, “El
presidente Chávez ha jugado un papel enorme para el movimiento
revolucionario, y como marxista le estoy muy agradecido por ser el
primero después de la caída del estalinismo en volver a plantear la
idea del socialismo como una salida frente al capitalismo”. “El
presidente Chávez ha dicho que no hay una salida intermedia entre el
capitalismo y el socialismo. Socialismo o Barbarie”. Señalo Alan.
Parafraseando
al filosofo George Santayana, Alan afirmo que “Quien no aprende de la
historia esta condenado a repetirla”. Intentar construir una economía
mixta como pretenden los reformistas y demuestra en su libro conduce al
desastre. Alan se sorprendió mucho cuando se habla de planificación
económica bajo el capitalismo en Venezuela. “Tu no puedes planificar lo
que no controlas, y tu no puedes controlar lo que no esta en tus
manos”. “Los capitalistas desecharon el Keynesianismo, en los años 70
por que conducía a una explosión de la inflación. Esto mismo es lo que
esta sucediendo en Venezuela, los precios han subido cerca de un 30% en
un año y lo que es mas grave un 47% en los productos alimenticios”.
El acto del miércoles 11 de junio del Presidente Chávez con los
empresarios
Alan
expreso su rechazo al acto que el pasado miércoles día 11 de junio el
Presidente Chávez realizo con los empresarios del país. En el mismo,
retransmitido por televisión a nivel nacional, ofreció a los
capitalistas toda una serie de incentivos a la producción y les llamo a
unirse a la construcción del socialismo.
Alan señalo que en ese
evento del miércoles 11 de junio, el Presidente Chávez “no había
convencido a los capitalistas, no había convencido a la clase media que
vota contra el” y si pretendía ser una estrategia para vencer en las
elecciones del 23 de noviembre, “lo único que sirvió es para confundir
y desmoralizar a las bases revolucionarias y a la clase trabajadora,
esto se debe a las presiones de los sectores reformistas que están
poniendo en peligro el futuro de la revolución”. “En este pais no hay
nada que hacer hasta que Chávez despida a todos asesores” afirmo Alan
entre fuertes aplausos. Y como señalo “tenemos que vencer el 23
noviembre, y darle un nuevo golpe duro a la oligarquía y el
imperialismo”. “pero eso solo es posible, si movilizamos y ponemos en
pie al pueblo, a la clase obrera, y este tipo de actos no contribuye a
ello”.
Prosiguió afirmando que después de 10 años de revolución,
“no podemos abusar de la confianza de las masas”. “La derrota del
referéndum constitucional de 2007 debería encender las luces de alarma
a todos los revolucionarios, por que la oposición no gano, perdimos
nosotros”. Y que “eso muestra que hay un malestar creciente entre las
bases que apoyan la revolución que exigen medidas decisivas contra los
capitalistas y los burócratas”.
Frente al intento de conciliar
con los capitalistas que defienden los reformistas, entre los que se
encuentran Dietrich y otros, Alan Woods defendió que se podía llevar a
cabo la revolución socialista ya, en Venezuela a través de “una ley
habilitante promulgada por el presidente Chávez, que expropie la
tierra, la banca y las grandes empresas haciendo un llamado a los
campesinos y obreros a llevarla a la practica por su propia iniciativa”
causando con esta afirmación un aplauso entusiasta de los camaradas
presentes. El camarada Alan Woods termino su discurso señalando que el
principal obstáculo para la revolución no esta fuera de Venezuela, “El
enemigo mas peligroso esta dentro, se llama la quinta columna
reformista”.
El acto termino con buena parte de los asistentes
acercándose al autor para que le firmaran el libro de reciente
publicación. Hubo numerosos camaradas que se apuntaron para formar
parte de la CMR con el fin de dar una batalla dentro del PSUV contra
los sectores reformistas y burocráticos.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=69188&titular=%E2%80%9Cel-
enemigo-m%C3%A1s-peligroso-de-la-revoluci%C3%B3n-esta-dentro-y-
es-la-quinta-columna-reformista%E2%80%9D-E

****
US Fed caught in global turbulence
By
Nick Beams
27 June 2008
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the author
The
US Federal Reserve Board’s decision on Wednesday to
maintain its benchmark interest rate at 2 percent was not so much
a policy decision as the expression of the growing paralysis in
government and central banking circles in the face of the powerful
forces now at work in the US and global economy.
On
the one hand, the deepening slump in the US pointed to the
need for a further interest rate cut to try to provide an economic
boost. On the other hand, rising US and global inflation, as well
as a weakening US dollar—itself a factor in inflationary
pressures—pointed to an interest rate increase. In the event,
the Fed decided to do nothing.
Announcing
its decision, the Fed’s open market committee
tried to put the best face on the worsening US economy. “Recent
information,” it stated, “indicates that overall economic
activity continues to expand, partly reflecting some firming in
household spending ... The substantial easing of monetary policy
to date, combined with ongoing measures to foster market liquidity,
should help promote moderate growth over time.”
These
assertions prompted BusinessWeek economics writer
Michael Mandel to ask: “Is the Fed living in a fairy-tale
world? Unemployment is rising, housing prices and plunging and
oil prices are sky-high. Oh, yes, and consumer expectations of
their future economic prospects are at a record low, according
to the Conference Board.”
The
latest US economic data point to the worsening state of
the economy. Sales of new homes continued to decline in May, dropping
to 512,000 at an annual rate, the lowest level since the recession
of 1991. Compared with a year ago, sales of new homes are down
by 40 percent.
Earlier
the Case-Shiller index of housing prices had revealed
a decline of 15.3 percent in the year to May, with many market
observers predicting that there was at least another 15 percentage
point fall to come.
The
impact on homeowners of the collapse of the housing bubble
is indicated by figures published by the Financial Markets Center
based on Federal Reserve data. It found that in the first quarter
households’ net worth had dropped at an annual rate of 2.9
percent, the second successive quarterly decline and bringing
the total decline to $2.23 trillion since reaching the peak achieved
in the third quarter of 2007.
The
Center noted that between 1952 (the first year for which
quarterly data were collected) and 1999 there was only one occasion
in which net worth shrank in two consecutive quarters. That was
in the recession of 1974. Since 2000, amid ever greater volatility
in housing and financial markets, that phenomena has been repeated
three times, with losses far exceeding those of 1974.
At
the same time, there has been a considerable fall in other
forms of wealth. Between January and March, the value of pension
savings and mutual fund shares declined at an annual rate of 18.8
and 31.1 percent respectively. The value of equities held by households
fell at an annual rate of 40.8 percent.
The
Fed’s decision was criticised by those who want further
action to stimulate the US economy. Other critics, however, want
an increase in interest rates in order to bring down inflation.
This
was the theme of an editorial in the Financial Times
on Wednesday. “If there were a Central Bank of the World
its monetary policy committee would glance at today’s inflation
rates and expectations of future inflation and then raise interest
rates. There is no such bank, but there is something close: the
US Federal Reserve, the monetary policy of which is mirrored by
many countries in the Middle East and Asia. The Fed may not want
that responsibility, but it would be wise to worry because, like
it or not, low Fed rates are contributing to global inflation.”
The
editorial pointed out that many countries in these regions
set their currencies in line with the US dollar. Consequently,
when the US lowers interest rates they must follow suit in order
to prevent an inflow of speculative capital and a rise in the
value of their currencies. However, in conditions where inflation
is already running at up to 10 percent, this leads to further
upward pressure on prices.
But
there is another aspect of this problem to which the editorial
also pointed. If Asian countries, above all China, are forced
to raise their interest rates as a result of inflationary pressures
then they may cut their links to the US dollar, leading to an
outflow of money that has been invested in US financial assets.
“The results for the US would be unpleasant: a currency crash
and even higher domestic inflation.”
Faced
with such dilemmas there is a growing air of perplexity
in some of the major economic institutions.
According
to the World Bank Global Finance 2008 report published
earlier this month: “Rarely has the international community
been called upon to respond to so many complex policy challenges
at once—from immediate actions to address soaring global
food and energy prices and the taming of volatility in private
global finance to the needs for mitigating the effects of
high-income-country
slowdown and sustaining economic momentum without jeopardising
long-term growth and stability. Tackling such challenges requires
collective resolve and clear thinking.” But both those commodities
are in short supply.
No
collective resolve
Far
from “collective resolve”, the world’s two
major financial authorities are working in opposite directions.
While the Fed lowered interest rates in response to the subprime
financial crisis, the European Central Bank (ECB) refused to follow
suit and may lift its base rate by 0.25 percentage points next
week.
Consumer
inflation in the euro-zone nations rose at an annual
rate of 3.7 percent in May, well above the ECB’s target of
2 percent. The ECB is looking to launch a pre-emptive strike against
demands for increased wages.
“In
particular, wage growth may be stronger than anticipated,
given high rates of capacity utilisation and a tight labour market,”
ECB governor Jean-Claude Trichet said. “In this context,
the risk of triggering an inflationary wage-price spiral is
particularly
acute,” he said, especially where wages are indexed to inflation.
In
other words, faced with a growing movement of the European
working class to maintain living standards against inflation,
the ECB will lift interest rates to induce a recession.
Meanwhile,
the Fed is hoping that the food and energy price
hikes will pass through the economy and “expects inflation
to moderate later this year and next year.” But this is more
a hope than a soundly based prediction.
All
indications are that prices are set to rise further. According
to the World Bank, higher food prices are set to stay and oil
prices could climb even further—up to $200 or even $250 a
barrel according to some forecasts.
Already
the rise from $53 per barrel at the start of 2007 to
the present price of $136 has increased the annual cost to consumer
by around $2,600 billion a year—an amount equivalent to around
4.5 percent of world gross domestic product.
Far
from being a one-off hike, there are indications that the
oil price rises are flowing through to other areas of the economy.
Last Wednesday’s Financial Times (FT) warned of a
“spectre of inflation over [the] global economy” and
noted that major companies dependent on oil inputs were now passing
on price increases. Dow Chemical, which announced price increases
of 25 percent—the largest in the company’s history—said
the rises were aimed at trying to offset a “staggering”
increase in costs.
The
FT’s economics columnist Martin Wolf noted that the
world was being buffeted by two storms: “an inflationary
commodity-price storm and a deflationary financial one.”
One
of the most significant features of the present situation
is how rapidly these processes have taken place. A year ago major
reports from global financial bodies such as the World Bank and
the IMF pointed to the risks of inflation and the possibility
of financial turmoil. But they were still relatively small clouds
on the horizon. The situation has now changed dramatically as
the world economy faces its most serious crisis in more than three
decades.
See
Also:
Fuel
price protests spread across Europe
[2 June 2008]
IMF
and OECD: Europe will
be hit hard by US recession
[19 April 2008]
Shades
of 1929: the global
implications of the US banking collapse
[16 April 2008]
http://www.wsws.org/articles/2008/jun2008/fedr-j27.shtml

***
Gregory Wilpert: Changing Venezuela
Changing Venezuela by Taking Power, by Gregory Wilpert (Verso,
2007; $33.50) Gregory Wilpert
has pulled off a triumph on two fronts with his new book on the
Bolivarian Revolution, Changing
Venezuela by Taking Power.
Most obviously, Wilpert's book — in both its scope and (sometimes
almost maddening) objectivity — is the most detailed and credible
analysis yet published of the Venezuelan revolution, which itself
represents, arguably, the single most significant challenge today to
the hegemony of global capitalism.
But
Wilpert has not just produced a comprehensive look at the social,
economic and political transformation that has shaken the foundations
of Venezuela over the past decade; he has also delivered a sharp rebuke
to one of the trendiest, if dubious, political theories to appear on
the academic left in recent years. Wilpert's title is an unsubtle blast
at John Holloway's Changing the World Without Taking Power, a
book that with its theoretical ambition (and pretension) rivals Michael
Hardt and Antonio Negri's Empire
in its attempt to carve out a new radical theoretical manifesto —
something that is about the last thing the Left needs anyway, but I
digress.
Holloway, a British academic who has been amongst the
leading chroniclers of the Zapatista movement in the Mexican province
of Chiapas which announced itself dramatically with an armed uprising
on January 1, 1994 (the day NAFTA took effect), makes the case that the
Left should abandon the field of struggle for state power. In defense
of this recommendation, Holloway points to the historic failures of
both state socialism(s) and social democratic attempts to transcend or,
in the latter's case, even reform capitalism in any meaningful or
permanent way. Elevating some of the success of the indigenous
resistance in Chiapas to the level of universal prescriptions, Holloway
argues that progressive forces should focus only on building autonomous
spaces of "anti-power," organizing on the local level and slowly
developing alternatives in every aspect of life and work in order to
eventually overwhelm the alienating and violent capitalist system.
Against this theory of abstention at the level of the state, enter the
radical and inspiring example of the Venezuelan experience since 1998,
where the presence of an aggressively left-wing elected government has
helped encourage the growth of community organizing and popular
participation. Wilpert gives the basic chronology of the process, which
has steadily radicalized as it has beaten back right-wing attempts to
overthrow it. Wilpert spends very little time polemicizing against
Holloway directly. Instead, he rolls out chapter after chapter spelling
out the tremendous scope of change that has taken place since Hugo
Chavez was first elected. Wilpert, for instance, examines in detail
changes in governance policy which aim to implement the inclusive,
participatory democracy outlined in the 1999 Bolivarian Constitution,
which was ratified by referendum and has become the "little blue book"
of the revolution — both studied intensely and carried in pocket-sized
form by Chavez's partisans.
Subsequent chapters analyze economic, social and foreign policy. One of
the most interesting sections looks at one of the least reported
developments in Venezuela: the government’s promotion of the "social
economy," which "encompasses at least five closely interrelated
programs: redistribution of wealth (via land reform programs and social
policies), promotion of cooperatives, creation of nuclei of endogenous
development, industrial co-management, and social production
enterprises."
In fact, between 1998 and 2005, the number of cooperatives in Venezuela
went from under 1,000 to over 100,000. Here we have the Left, precisely
because
it has captured state power, able to build alternatives to capitalist
hegemony. To provocatively use Holloway's term against his argument,
"anti-power" in Venezuela can better be built from the bottom-up
because the Left can promote its spread from the top down.
This contribution alone, and especially Wilpert's attention to detail,
would have been enough to recommend Changing Venezuela By Taking
Power. But Wilpert's coup de grace
is that he also serves up utterly unsentimental criticism where
appropriate, and an unromantic assessment of the contradictions,
dangers and myriad challenges that the Bolivarian Revolution faces. In
this, Wilpert does not let his intimacy and his engagement with his
subject colour his analysis.
A couple of passages illustrate, for instance, a key Bolivarian
contradiction, and show that Wilpert eschews the simplistic "revolution
from below/from above" dichotomy that marks so much of the sectarian
literature on Venezuela. On the one hand, Wilpert notes the importance
of Chavez's "ability to bring together a previously very fragmented
movement of progressive civilians and military officers." This
charismatic leadership helped galvanize a movement:
It is thanks to his ability to rally the poor that the poor have broken
with their traditional apathy for politics and their pragmatic support
for the democratic system of the past … Their support for democracy is
no longer pragmatic, but has become filled with the hope that true
democracy can transform the country into a more egalitarian and just
one.
But the leader's dynamism also poses risks to the ultimate achievement
of political and economic transformation. Although Wilpert notes that
the government has taken some measures to minimize the cult of
personality around Chavez, the problems of "personalism" are
substantial. Wilpert argues:
[As] long as Chavez does not clarify the difference between uncritical
obedience and absolute loyalty, where the latter allows for
constructive critique and the former does not, he gives the impression
of being indispensable and unquestionable. More than that, it is well
known in Venezuela that, all too often, die-hard Chavistas will
immediately pigeonhole as "escualidos" (squalids, as Chavistas like to
call opposition supporters) those who are critical of some aspect of
Chavez or his government, even if the critic is otherwise a supporter.
The strength of Wilpert's book is precisely this kind of frank,
surgical assessment. And while the author clearly thinks his subject is
important, he doesn't generalize from the Bolivarian experience a
recipe that others must follow. Holloway, in contrast, makes the
mistake of generalizing from the Zapatista experience, of which he is a
partisan, sweeping and — in fine post-modern academic form — often
semi-indecipherable theoretical conclusions.
Like
all people who have organized for radical social change in
conservative times, the Venezuelans (along with the Bolivians and
others in Latin America) have and will face fierce opposition, both
domestically and internationally. The right-wing media outlets in
Venezuela itself have been so outrageous — the 2002 coup against Chavez
has even been termed the world's "first media coup" due to the overt
participation of the private media giants in the toppling of a
democratic government — they have caused their readership and
credibility to plummet. The prevalent smear jobs and caricatures of
Chavez's term in office in the international press have, unfortunately,
been considerably more effective.
As publisher of venezuelanalysis.com
— by far the best aggregator of English-language news and analysis
about politics in Venezuela — Wilpert has been steadily working to
expose and counter this misinformation campaign. His book compiles much
of this material, while organizing and presenting it in an accessible
way.
In Venezuela, the past decade has seen the shattering of the myth of
"the end of history" and its demoralizing corollary, "there is no
alternative." Today, the alternative(s) to capitalism remains to be
found and built, and it is of course up against innumerable obstacles,
attacks, false starts and errors. But the Bolivarian Revolution has
reminded us all that beyond just being a soothing slogan, it is indeed
possible to fight for another, better world. As Wilpert puts it,
"Venezuela is recuperating the utopian energies, which became exhausted
with the failures of state socialism, of social democracy, and of
neoliberal capitalism, merely by trying a different and as yet
relatively unexplored path."
On that vital but difficult path to a world beyond neoliberalism, I
can't help but wish that there were more public intellectuals like
Gregory Wilpert, seriously engaged with processes of social change and
serious about communicating in broadly accessible language. Changing
Venezuela by Taking Power
is a valuable addition to the bookshelves of all those who are trying
to make sense of, and change for the better, our unequal world.—Derrick
O'Keefe
http://rabble.ca/reviews/review.shtml?x=72900