EN LA ÉPOCA DE LA GLOBALIZACIÓN
¿ES EL MARXISMO REALMENTE OBSOLETO?
FRANZ J. T. LEE
1.
Realmente tenemos que cuidar nuestra Revolución Bolivariana, para que no la
perdamos para siempre
2.
En vez de interpretar a Venezuela de diferentes maneras, ¡tenemos que
emanciparla!
3.
¡Dejemos que el pueblo soberano decida, si el marxismo en Venezuela es obsoleto
o no!
Introducción
Carlos Marx, el
Marxismo y el Socialismo
"Los
filósofos sólo han interpretado el mundo de maneras distintas, el asunto es
cambiarlo". Carlos Marx (Undécima
Tesis sobre Feuerbach).
"Lo único que
sé es que no soy marxista". Este famoso enunciado de Marx ilustra la
relación entre su propio pensamiento auténtico y las interpretaciones
'marxistas' del mismo efectuadas por sus contemporáneos. La afirmación la hizo
Marx en París, a manera de respuesta a las concepciones 'marxistas' de un
partido social‑demócrata francés, como una advertencia casi visionaria
contra todo dogmatismo, toda personificación y representación absoluta de los
procesos históricos objetivos‑reales, que existen independientemente del
conocimiento y de la voluntad de los individuos sociales.
Estamos conscientes de las diferencias
fundamentales que existen entre el socialismo, el marxismo, el Marxismo‑Leninismo,
el Socialismo del Siglo XXI y la propia contribución científico‑filosófica
de Carlos Marx a una nueva cosmovisión revolucionaria, esto es, el materialismo
histórico‑dialéctico, que revela el carácter efímero del capitalismo y la
necesidad de realizar el socialismo y comunismo como formas superiores de
producción y organización humana.
El marxismo, entendido como materialismo
histórico‑dialéctico, es algo muy complejo y presupone un estudio
profundo y arduo de la historia de la filosofía occidental, de la economía
política y del socialismo utópico, para llegar a comprenderlo como lo que fue
en su tiempo y lo que todavía representa hoy: una nueva lógica dinámica (la
dialéctica) y una ciencia y filosofía precisa e incisiva (la dialéctica
aplicada a la naturaleza y la sociedad, esto es, a la historia).
Aquí en este pequeño libro sólo podemos
indicar las huellas que el marxismo ha dejado en la historia, las
aproximaciones fragmentarias de su esencia y existencia histórica y las
chispas de su avance revolucionario y emancipatorio. Cabe señalar, que en otras
obras del autor se encuentran ejemplos más precisos y puntuales de la
aplicación práxica del socialismo científico en el mundo real.
(Véase:
1. Venezuela: De la Revolución
Bolivariana a la Emancipación Humana, de Diciembre de 2005.
2. Venezuela: La Revolución Bolivariana pasando el
Rubicán (co‑autora: Jutta Schmitt) de Diciembre de 2006.
3. Venezuela: Revolución, Éxodo y
Emancipación. Ensayos para la Práxis y Teoría Socialista, de Julio de 2007.)
En este pequeño libro presentamos tres
textos del autor que tocan la cuestión de la supuesta obsolencia del marxismo
en el siglo XXI.
Si preguntamos por la contribución que
hicieran Carlos Marx y Federico Engels al concepto socialismo, podemos
constatar que es muy sencilla: lo sacaron del ámbito de los sueños diurnos y
de la esperanza opaca por una vida mejor para elevarlo al rango de una ciencia
y filosofía, con perspectivas y herramientas para su materialización en la
realidad, esto es, aportando una práxis y teoría revolucionaria para cambiar el
mundo y no permanecer en su eterna interpretación.
1. Realmente
tenemos que cuidar nuestra Revolución Bolivariana, para que no la perdamos para
siempre
Según fuentes de inteligencia estadounidenses
ahora Bin Laden se esconde en Pakistán. Así que, adivinen quién será el próximo
candidato en la sonora lista del 'eje del mal', es decir, quién acompañará a
Irán, Siria, Corea del Norte y Venezuela.
Definitivamente, si esta ruleta rusa
internacional continúa así, entonces seguramente todos sufriremos uno por uno
el mismo destino que Afganistán e Irak.
La crisis mundial se profundiza y los
competidores por la hegemonía mundial se desesperan cada vez más. El
capitalismo e imperialismo mundiales muestran su verdadera realidad, su mueca
fascista, su poder auto‑destructivo. Por otro lado, se está globalizando
un vil ataque contra la verdadera negación del capitalismo, contra el
socialismo. El reformismo social y el neoliberalismo compiten en sus campañas
de desprestigio al socialismo científico y filosófico, es decir, en combatir el
marxismo viviente y fluyente.
Hay que hacerse la pregunta si en
Venezuela, que se encuentra en estos momentos en el centro de la feroz batalla
global emancipatoria anti‑capitalista, el marxismo de verdad es obsoleto.
¿Por qué hay tantos bolivarianos
antimarxistas? ¿Podemos ignorar todas las armas práxicas y teóricas proletarias
marxistas de la emancipación?
Solamente una ignorancia total en
cuanto al socialismo científico y filosófico puede llegar a unas aserciones tan
falaces como las que dicen que es obsoleto y las cuales necesitan una
corrección urgente.
Desde 1789, cuando la victoria política
del modo de producción capitalista, desde el nacimiento del marxismo, han sido
más de 666 las veces que el marxismo ha sido declarado una mosca muerta.
En los sueños de las giga‑ganancias
de todos los capitalistas fue considerado obsoleto. Incluso en América Latina,
África o Asia, donde más se necesita el marxismo para la explicación de una
realidad capitalista, todo tipo de pro‑capitalistas y anticomunistas lo
desprestigian como una reliquia diabólica del siglo XIX.
El mero hecho de que alrededor de todo
el planeta grandes comerciantes, criminales de guerra e incluso presidentes a
diario tienen que declarar muerto a Marx, a su práxis y a su teoría, declararlo
como desecho inútil, demuestra lo vivo que sigue estando hoy por hoy y lo
difícil que es matar la negación dialéctica del capitalismo.
Pero no es necesario preocuparse que el
marxismo pueda volverse obsoleto.
Fueron Marx y Engels, los expertos
transhistóricos de la dialéctica, quienes ya crearon el antídoto emancipatorio
contra la obsolescencia política. A su vez, ellos nunca tuvieron la necesidad
de declarar muerto a Platón, Jesucristo, Thomas Münzer, José Martí, los padres
de la Iglesia o los fundadores de los Estados Unidos de América de una manera
irresponsable.
* Si hoy Marx,
Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Ho Chi Minh o Kwame Nkrumah son obsoletos como
socialistas, entonces, ¿cuán obsoletos tienen que ser sus predecesores?
* ¿Cuán obsoleta tiene que ser la propia acumulación de capital?
* ¿Acaso la explotación capitalista arcaica se ha vuelto obsoleta?
* ¿Es que en la
época de la globalización ya no existen las relaciones de clase o las
relaciones amo‑esclavo?
* ¿Acaso ya han
desaparecido las clases antagónicas en Venezuela y ya está superada la lucha
de clases?
* ¿Por qué Jesucristo y Simón Bolívar están de moda y Marx y Engels no?
* ¿Se trata del
factor tiempo o de un asunto revolucionario?
Marx fue muy sabio ya que nunca negó su
gratitud en cuanto a los principales logros burgueses en lo económico,
filosófico, político y social de su época.
El 5 de marzo de 1852 le escribió a
Wedemeyer:
"En lo que a mí concierne, no
puedo reclamar el honor de haber descubierto la existencia de las clases en la
sociedad moderna, ni de la lucha entre ellas. Fueron los historiadores
burgueses quienes, mucho antes que yo, establecieron el desarrollo histórico de
esta lucha de clases y fueron los economistas burgueses quienes determinaron su
anatomía económica". (MEW, Tomo 28, págs. 507et seq Editorial Dietz,
Berlín, 1970)
Por lo tanto, no podemos cometer el
error de atribuirle a Marx el descubrimiento de importantes realidades
históricas cuando no fue él quien las descubrió. Por ejemplo, Marx no inventó
la frase: "La religión es el opio del pueblo". Fue un obispo
británico, Charles Kingsley, quien originó esta expresión mucho antes de Marx.
Marx mismo explicó qué fue lo que él
reveló esencialmente y esto definitivamente vale también para la Venezuela
contemporánea:
(1) Que la existencia de clases está vinculada a ciertas fases históricas
del desarrollo de la producción;
(2) Que la lucha de clases lleva necesariamente a la dictadura del
proletariado, y
(3) Que esta dictadura solamente es transitoria dentro del proceso
revolucionario de la abolición de todas las clases sociales hasta que
finalmente se establece una sociedad comunista sin clases.
Por cierto, fue el Manifiesto Comunista
el que fue condenado y bendecido, quemado y enmarcado en oro, satanizado y
glorificado, criticado y analizado, ignorado y estudiado, utilizado como hoja
de parra y aplicado por los tiranos, y aún así la crítica más fuerte provino de
los mismos Marx y Engels.
Después sacaron inmediatamente las
conclusiones científicas y políticas necesarias, por ejemplo, del colapso del
Cartismo en Inglaterra, la masacre de los trabajadores en la huelga de junio de
1848 en Paris, la cobardía de la burguesía alemana, la dinámica de la reacción
francesa y alemana y la intervención brutal del zar ruso en Hungría.
En 1895, mucho después de la muerte de
Marx en 1883 y 2 años antes de su propia muerte, Engels resumió tanto los
altibajos como los laureles del famoso Manifiesto Comunista de la siguiente
manera:
"Todos nosotros, por las
concepciones de nuestras condiciones y debido al rumbo de los movimientos
revolucionarios, estuvimos condicionados por la experiencia histórica previa,
particularmente la de Francia. Fue de hecho esta última la que dominó la
historia europea entera desde 1789, y ahora una vez más ha dado la señal para
el cambio revolucionario en general. Fue por lo tanto natural e inevitable que
nuestra concepción de la naturaleza y del rumbo de la revolución 'social'
proclamada en febrero de 1848 en París, por la revolución del proletariado,
estuviese necesaria y fuertemente matizada por los recuerdos de los prototipos
de 1789 y 1830". (Friedrich Engels, Introduction to Marx's The Class
Struggles in France, 1848 to 1850, MECW, Volumen 27, pp. 506‑527)
De ello, y esto es relevante para la
actual fase de la Revolución Bolivariana, Engels concluyó que la historia
"no meramente ha disipado las nociones erróneas que tuvimos entonces; sino
que también ha transformado completamente las condiciones bajo las cuales tiene
que luchar el proletariado. El modo de lucha de 1848 hoy es obsoleto en todos
los aspectos". (Ibídem)
Así que no viene al caso que el
marxismo sea obsoleto o que la lucha de clases se la haya llevado el viento,
sino que es un asunto de que sin teoría no hay revolución (Lenin).
Tenemos que rejuvenecer nuestra superestructura,
no podemos liberarnos del imperialismo yanqui con ideas del pleistoceno
religioso.
Para los verdaderos marxistas no fue
necesario esperar a que los 'académicos' burgueses de los siglos XX y XXI
declarasen obsoletos al Manifiesto Comunista y sus esfuerzos revolucionarios;
para ellos mejor aún pues fueron los mismos Marx y Engels quienes ya hicieron
este excelente trabajo; así que el grito moderno contra el 'marxismo' caduco
es en el mejor de los casos de por si un plagio evidente y en el peor de los
casos algo totalmente obsoleto.
Ahora veamos lo que nos puede decir una
perspectiva marxista moderna en cuanto al actual infierno global.
Dentro del actual contexto belicoso se
nos ha informado el 20 de julio de 2007, que se vieron bombarderos rusos
capaces de transportar bombas atómicas en el Mar del Norte, los cuales
inmediatamente fueron perseguidos por aviones de combate británicos y
noruegos. Claro, esto ocurrió en espacio aéreo internacional, sin embargo,
también ocurrió en plena tensión diplomática entre Gran Bretaña y Rusia.
Mientras tanto, la empresa Northrop
Grumman está muy ocupada en equipar los bombarderos estadounidenses B‑2
con armas de penetración de 30 mil libras de capacidad. Es fácil adivinar el
destino de estas armas. Pilotos israelíes están siendo entrenados para
participar en ataques de largo alcance contra Irán. Además, el 'eje de la paz'
conformado por los EE.UU., la India e Israel van a 'paso de vencedores'; según
el Times of India, la India planea poner en órbita un satélite israelí
próximamente.
Pero esto no es todo. Continúan las
preparaciones para un periodo de guerra nuclear. El imperialismo se enreda cada
vez más en su propia red y en sus contradicciones mortales; y cada adaptación
nueva es un clavo más para su ataúd, y un paso más hacia la disyuntiva:
socialismo o barbarie.
Tomando por hecho que los mísiles
estadounidenses y rusos permanecen en estado de alerta de lanzamiento, un
analista de la guerra espacial nos informa que la actual amenaza nuclear es
peor que durante el período de la Guerra Fría, cuando dice que un miembro mayor
del Instituto Hoover y co‑director del Preventive Defense Project
(Proyecto de Defensa Preventiva) en la Universidad de Stanford, dijo el
miércoles ante el Congreso que persiste el peligro de una guerra nuclear por
accidente.
Esta no será tan 'accidental'. El 20 de
julio RIA Novosti nos informó que la Casa Blanca prepara el escenario para un
nuevo 11 de septiembre para orquestar un presunto ataque terrorista en los
EE.UU., en función de transformar esta nación en una dictadura y lanzar una
guerra contra Irán dentro de un año.
En este espíritu beligerante Avigdor
Lieberman, el Primer Ministro de Israel, confirmó que a Israel le dieron luz
verde para atacar a Irán y que recibió los permisos por parte de EE.UU. y
Europa para bombardear supuestas instalaciones nucleares iraníes.
No deberíamos olvidar que Lech Walesa
amenazó diciendo que 'Chávez en Venezuela pagará por lo que está haciendo'. Por
cierto, Lech Walesa es el ex presidente católico y ultra conservador de
Polonia, quien visitó a Perú para recibir un doctorado honoris causa de la
Universidad de Lima en compañía del peruano y feroz anti‑chavista Mario
Vargas Llosa.
Claro, de la forma como uno paga por
sus acciones políticas, bien sea tratando de aliviar democráticamente la
miseria de los pobres, bien sea asociándose a la CIA, ya obtuvimos una lección
cuando presenciamos la brutal ejecución del ex dictador iraquí, Saddam Hussein,
quien bebió de la cicuta socrática.
Cualquier estudiante consciente del marxismo,
de la economía política, de las teorías sociales del imperialismo, de teóricos
desde Marx a Ernest Mandel y a Alan Woods, sabe lo que significa el fenómeno
anteriormente mencionado dentro del contexto de la sobreproducción, recesión y
depresión global, en la época del fascismo. No es un asunto de creencia
cristiana o de salvación mesiánica sino es la realidad de un capitalismo brutal
en crisis mortal. Las leyes tendenciales del desarrollo del capital mencionadas
en El Capital de Marx predijeron con precisión científica la actual composición
orgánica del capital, la monopolización, la centralización y la pauperización
progresiva a nivel global.
Repetimos: el bolivarianismo moderno
tiene que enriquecerse dialécticamente dentro de la experiencia revolucionaria
proletaria del marxismo y el marxismo actual tiene que aprender de los
esfuerzos emancipatorios contemporáneos de la Revolución Bolivariana. El
estalinismo traicionó al marxismo; durante el socialismo nacional Nazi bajo
Hitler, Marx fue desvirtuado; durante la Guerra Fría Marx fue devorado por el
moloch global anti‑comunista; el apartheid y el sionismo odian al
marxismo; millones de personas del 'Tercer Mundo' fueron exterminados porque se
atrevieron a tratar de emanciparse en nombre de Karl Marx.
Todo esto sólo para hacer fracasar la
posibilidad de aniquilar la causa de todos nuestros problemas, es decir, el
capitalismo a escala mundial.
Es nuestra actitud política hacia el
marxismo la que determina con precisión nuestra verdadera lucha contra el
capitalismo y el imperialismo.
Tenemos el derecho de llamar nuestros
esfuerzos revolucionarios como nos de la gana, pero si llamamos a nuestro
objetivo "socialismo", entonces lógicamente todos nuestros caminos no
nos pueden llevar a Roma ni al Vaticano, sino directo al marxismo y a la
Emancipación Humana. Esto no tiene nada que ver con euro‑centrismo o con
ateísmo, sino que es una verdad histórica globalizada que tenemos que aprender
rápidamente. En esta hora tan altamente crítica de la humanidad, el marxismo no
puede darse el lujo de calarse otra caricatura más del socialismo.
La Revolución Bolivariana no tiene otra
alternativa sino la de salir victoriosa.
Como siempre felicitamos a la
Revolución Bolivariana , los inmensos esfuerzos y sacrificios del Presidente
Hugo Chávez Frías de aprender de los errores del pasado, de estudiar la
realidad mundial concreta, en sus recientes cadenas nacionales, de recordarnos
permanentemente a los revolucionarios marxistas, especialmente a Lenin, Trotsky
y Rosa Luxemburgo. El marxismo no quiere realizar un comunismo de consumo o una
distribución igualitaria de bienes, el marxismo va directo al grano del
problema, tiene que ver con el comunismo productivo, es decir, con las
relaciones de propiedad económica y social, y con las relaciones amo-esclavo.
Son ellas las que hay que abolir hoy y mañana.
No tenemos razón alguna por temer al
marxismo y declararlo obsoleto. Tenemos la posibilidad y la tarea histórica de
realizar el socialismo mundial científico y filosófico, es decir, el marxismo,
por primera vez en la historia a escala mundial. En caso de que fracasemos ni
siquiera Jesucristo nos podrá salvar de una conflagración nuclear.
Esta es la sentencia apocalíptica corporativa
que dictan todos los datos anteriormente expuestos, esta es la razón por la que
tenemos que realmente cuidar nuestra Revolución Bolivariana, porque la podemos
perder para siempre.
2. En vez de
interpretar a Venezuela de diferentes maneras, ¡tenemos que emanciparla!
Aplaudimos todos los estudios
socialistas serios y todas las reflexiones científicas que se están realizando
a lo largo y ancho de Venezuela. Resulta sencillamente hermoso ver cómo se
politiza un pueblo en medio de un océano de plena libertad de expresión.
Lo que es especialmente notable es el
debate sobre el marxismo, el socialismo y el comunismo, sobre la futura práxis
y teoría del Partido Socialista Unido (PSUV) de Venezuela. El socialismo y el
marxismo originales, tal y como lo explicó Lenin, fueron el producto histórico
de las tres corrientes más desarrolladas del conocimiento europeo durante la
segunda mitad del siglo XIX: la filosofía, la economía nacional y la práxis y
teoría políticas. Desde entonces, el socialismo y el marxismo se han enriquecido
a sí mismos y se han convertido en instrumento mundial de la revolución y de la
emancipación.
Sin embargo, como lo advirtieron Marx y
el Ché, nuestra tarea histórica no es la de interpretar el mundo de diferentes
maneras y utilizar a Chávez como chivo expiatorio, sino la de hacer la
revolución en Venezuela.
Es cierto, no existen recetas ni
catecismos para las revoluciones sociales o socialistas; las revoluciones no se
pueden importar ni exportar. Sin embargo, existen pautas en lo referente al
socialismo científico y filosófico en la realidad mundial. En este campo
tenemos más de 150 años de experiencia socialista práxica y teórica. Por
supuesto, en forma de socialismo utópico, es decir, no como modo de producción
dominante, algunas mentes brillantes y algunos experimentos prometedores
prepararon el terreno para la negación existente del capitalismo dentro del
sistema mundial.
Camaradas, lo peor que podemos hacer es
sintonizar CNN y participar en las diatribas de costumbre contra el 'castro‑comunismo'
y el marxismo, repitiendo la eterna paja ideológica contra nuestra propia
revolución y contra posible socialismo global. Si estudiamos con mucho cuidado
todas las obras del marxismo y ,del socialismo científico y filosófico, además
con el espíritu revolucionario necesario, entonces descubriremos las infinitas
lecciones que podrían ser útiles para la Revolución Bolivariana aquí y ahora.
Nuestro archi‑enemigo no es Marx,
¡es el capitalismo!
El socialismo es parte intrínseca de la
revolución dentro del capitalismo, un producto de las revoluciones francesa e
industrial. En nuestra opinión, el socialismo no vendrá 'después' del
capitalismo como modo transitorio, más bien ya está allí, como su negación
permanente. En su cualidad de negación dialéctica, el socialismo sólo perecerá
con la aniquilación del propio capitalismo, impulsándonos hacia la barbarie
nuclear o hacia el comunismo galáctico, en otras palabras, hacia la
emancipación humana creativa y creadora.
En estos mismos momentos, contando cada
segundo, se está aproximando una brutal masacre en el Medio Oriente, un exterminio
de centenares de miles de seres humanos, mediante armas de destrucción masiva,
simplemente porque el capitalismo mundial se encuentra en una crisis de vida o
muerte. Tenemos que actuar y pensar con bastante rapidez, tenemos que saber qué
es el socialismo y activar nuestra auto‑defensa.
Claro que el marxismo no está reclamando
el copyright del socialismo, ni que su comprensión del socialismo es algo
exquisito, ni tampoco que es la única manera para tumbar al capitalismo
mundial. Sólo explica que el socialismo es el opuesto dialéctico del
capitalismo, es su lado contrario, y que mientras sobreviva el capitalismo,
vivirá el socialismo. Hay que superar a ambos para poder entrar al ámbito de la
emancipación humana, a lo que Marx, Engels, Fosa Luxemburgo, Lenin y Trotsky
llamaron comunismo. El socialismo no es propiedad privada de nadie ni de
ningún pueblo, sino que es un tesoro de la humanidad en su totalidad.
Así que este comentario simplemente
quiere hacer una defensa del socialismo científico y filosófico, como marxismo
viviente. Se dirige en contra del argumento de que Marx habría discriminado a
propósito al 'Tercer Mundo' y por lo tanto no puede ser de interés para ningún esfuerzo
liberador que queramos emprender en Venezuela o cualquier otra parte de
América, Asia o África. Las cosas no son tan simples.
El socialismo no es un asunto personal
y no tiene que ver con atacar, ad hominem, a un pensador quien fuera testigo y
fiel expresión de los eventos históricos de su época con repercusión a nivel
mundial. Equivocarse es humano, pero corregir errores y también los de los
demás, esto es sublime. Así que, lo que está en juego a escala mundial en
primer lugar no es lo que Marx escribió equivocadamente sobre Simón Bolívar, o
el hecho de que llamó a Ferdinand Lasalle un 'negro judío', sino la
clarificación de su cosmovisión.
Dentro de la actual guerra de las ideas
y de la (des)información, más que un pensador serio podría cometer el error de
escribir inocentemente muchas estupideces sobre el Presidente Chávez. Es un
hecho que Marx en su tiempo luchó permanentemente, tal como los verdaderos
marxistas estamos luchando hoy, en contra de las verdades absolutas, con
disposición de rectificar cualquier error en caso de que se presentaran datos
auténticos y evidencias concretas. Negarle a un marxista o a un socialista esta
posibilidad es no entender de lo que se trata en el socialismo científico y
filosófico.
Toda persona política revolucionaria y
excepcional es una realidad socio‑histórica de su tiempo, no es un
profeta ni posee una bola de cristal para ver el futuro. Sólo tiene información
y datos limitados sobre los eventos mundiales, especialmente en un mundo donde
las ideas dominantes son las ideas de las clases dominantes. Si hoy en día la
mayoría de los europeos no saben casi nada sobre el 'Tercer Mundo', entonces
en los tiempos de Marx debe haber sido aún peor.
Porque son los grandes dioses, ideas,
hombres y razas los que hacen la historia, y no las clases trabajadoras y los
trabajadores, quienes no dictan el rumbo del proceso de producción, por eso
tenemos una realidad burguesa y capitalista. Cualquier verdadero análisis
científico revela que durante el siglo XIX no existió una verdadera posibilidad
anti‑capitalista en África, Asia y América Latina para tumbar el
capitalismo mundial y avanzar hacia el socialismo. Marx afirmó que las únicas
fuerzas que hubiesen podido cambiar el rumbo de la historia por completo eran
los trabajadores de los países metropolitanos. De hecho, con su victoria en
Paris en 1848, con la Comuna de Paris, con sus 'repúblicas' de los
trabajadores, pavimentaron el camino para tumbar el capitalismo en sus
primeras fases.
Una cosa es para los esclavos coloniales,
de facto tumbar modos decadentes de producción agrícolas feudales mediante
guerras de liberación, como las libradas en contra de Portugal y España; otra
cosa es luchar como esclavos asalariados contra un imperio británico colonial
capitalista. Para esto se necesita una práxis y teoría socialista, lo que el
'Tercer Mundo' no industrializado no pudo desarrollar en su momento por razones
simple y dolorosamente históricas. Hasta el día de hoy se siguen proponiendo
formas obsoletas de lucha de liberación como lo son, por ejemplo, el
'socialismo cristiano', la ideología y práctica cristiana.
Marx, y luego los marxistas hasta
después de la Primera Guerra Mundial infra‑imperialista, simplemente
indicaron los hechos tales como eran. La cuestión colonial y sus tesis sólo
fueron discutidas en la Tercera Internacional, luego de la muerte de Lenin.
Para nosotros, los pobres y
discriminados del Tercer Mundo, hubiese resultado muy progresista si los
teóricos marxistas hubieran hecho lo contrario, es decir, trasladar el sujeto
de la revolución a Oceanía por razones del liberalismo competitivo o por amor
cristiano, sin embargo, no hubiese sido real.
Sólo más tarde, en el capitalismo
monopolista, las cosas cambiaron radicalmente y se introdujeron el anti‑capitalismo
y el antiimperialismo fuera de Europa, especialmente en Asia.
En el caso de África, fueron necesarios
la Conferencia de Bandung, el movimiento de los No‑Alineados y el 5to
Congreso Panafricano, antes que el socialismo africano pudiera posicionarse
seriamente en la política mundial. De manera contraria, esto hubiese sido un
absurdo. Sería como si hoy se dijera que los pueblos indígenas del Tercer Mundo
pudieran ganar una contundente victoria militar contra las fuerzas malignas
de la OTAN y establecer el socialismo del siglo XXI en la Amazonía.
¡Quién sabe, quizás con una nueva lógica,
ciencia y filosofía realmente lo lograrían! Shakespeare advirtió: "Hay más
cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que las que tu sueñas en tu
filosofía".
Para Marx el socialismo no era pobreza
comunista cristiana, es decir, no era vender todo lo que uno posee para
dárselo a los pobres y después vivir como un mendigo medieval en medio de una
producción explotadora de los demás. No se trata del socialismo caritativo, de la
distribución igualitaria del vino y del pan que produjeron el trabajo
explotado de los esclavos. No se trata de la distribución equitativa de la
'riqueza' obtenida por el trabajo explotado. Marx consideraba el socialismo un
modo de abundancia, un modo para resolver los problemas básicos de la
humanidad, causados por la producción laboral capitalista.
Además, al capitalismo liberal se le
consideró simplemente como modo de producción transitorio. Marx y Engels
pensaron que la evolución socialista llegaría durante sus vidas. Incluso vieron
la revolución socialista en los países metropolitanos revelándose como un acto
histórico pacífico. Por eso no podemos reprocharles a estos pensadores el no
haber considerado la revolución socialista en el 'Tercer Mundo' en el siglo
XIX (ni mucho menos en el siglo XXI).
Durante la segunda mitad del siglo XIX,
en el mundo colonial, que hasta el día de hoy sigue siendo explotado, dominado
y discriminado sin piedad, no existió el nivel necesario de una producción
tecnológica y capitalista. En América Latina existieron algunas posibilidades,
pero el capitalismo mundial las echó a perder. Incluso si hubieran habido
rebeliones masivas como más tarde en Vietnam o China, nunca existió realmente
la verdadera base económica para el socialismo o el comunismo productivo
global, para una dictadura poderosa del proletariado mundial contra el
horroroso imperialismo. La Unión Soviética de Stalin sólo era una caricatura de
lo que debía ser una fuerza socialista poderosa. Donde sí existieron
condiciones más que maduras, como lo predijo Marx, fue en los países
metropolitanos. Mientras tanto, la posibilidad para una revolución socialista a
nivel global sí es real y final.
Sí, como nunca antes existen
condiciones para realizar el socialismo a escala mundial: la totalidad de las
condiciones existentes que niegan el orden mundial capitalista, tanto objetivas
como subjetivas y 'transjetivas'.
Nuestro argumento es dialéctico.
Tenemos que interpretar y cambiar el mundo. Nuestra afirmación actual es el
capital, es un modo de producción, es el capitalismo que evolucionó desde la
esclavitud hasta la autodestrucción, desde las formas primitivas de acumulación
hasta el liberalismo competitivo, el imperialismo mono y oligopólico, el
corporativismo, la militarización y ocupación espacial, que ya están
destruyendo los mundos macro, meso y micro‑cósmico, creando monstruos
naturales a la Frankenstein y zombis sociales.
Esta es nuestra realidad mundial
contemporánea tal como evolucionó a través de los últimos dos siglos. La
negación de todo esto, de la acumulación perversa, de las giga‑ganancias
y del infinito poder militar, según Marx, es el Trabajo, que para nosotros es
la relación unilateral y perversa entre la naturaleza y la sociedad.
Marx explicó cómo la energía vital humana,
el eros y el orgón, fueron transformados en fuerza de trabajo barata para su
venta en el mercado mundial capitalista. La resistencia contra esta enfermedad
que enajena y deshumaniza la humanidad se llama emancipación. Esta se dirige
contra la conversión de los seres humanos en esclavos asalariados y en
trabajadores físicos y mentales.
Fue Adorno el que acertó quizás en un
sentido normativo, cuando afirmó que dentro del sistema mundial nos
encontramos con una dialéctica negativa. Cum grano salis, con todo el respeto
necesario, casi todas las revoluciones 'socialistas' y esfuerzos
revolucionarios, todos los intentos revolucionarios del trabajo, especialmente
en el Tercer Mundo, fracasaron en tumbar al imperialismo mundial y no
alcanzaron su objetivo emancipatorio. De manera similar, el trabajo también
fracasó en los países metropolitanos, peor aún, en el Norte se está madurando
cada vez más el globofascismo y esto es de lo que se trata realmente.
Marx y los marxistas cometieron el
error de basar su apuesta revolucionaria solamente en el socialismo del Norte,
de donde ahora provienen las Actas Patrióticas de la barbarie. Esto no es un
asunto de obsolescencia, de la victoria del capitalismo fascista, más bien el
descubrimiento de Marx fue una posible manera de salvar la humanidad de sí
misma y de la auto‑aniquilación.
El capitalismo es un problema de la
especie humana, y en este caso es de relevancia que Jesucristo NO murió en 1789
en Francia bajo la guillotina, que Marx NO nació en Nazaret y que Napoleón NO
luchó en la Guerra del Peloponeso. El Capitalismo es demencial y caótico pero
no es estúpido e ignorante, sigue unas leyes tendenciales de desarrollo, y fue
precisamente Marx quien las descubrió.
El capitalismo nació en el Mediterráneo,
se desarrolló a través de Italia, Bélgica y Holanda hacia Gran Bretaña, luego
invadió a Alemania, mientras España y Portugal, como imperios mundiales,
estaban muriendo en agonía feudal y religiosa. El capitalismo y su otro lado,
su negación, el socialismo, no nacieron en el Monte Kilimanjaro para después
emigrar al Monte Everest y finalmente establecerse en el Pico Bolívar. En este
caso, Marx nos hubiese mostrado el futuro de Europa en el espejo natural del
Pico Espejo.
El hecho de que Marx y Engels
celebraron la invasión de México por los EE.UU. y la de la India por los
británicos tiene que ver con las barreras de su tiempo, con el impacto de la
Revolución Francesa, que también captó a los ilustres próceres como Miranda y
el propio Bolívar. Sin saberlo estaban celebrando las venideras bombas
capitalistas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki, las invasiones militares del
Norte en el Sur. En aquél entonces, cuando se encontraron demasiado cerca del
momento fluyente de la historia, no podían ver las consecuencias que la
libertad, la igualdad y la fraternidad iban a tener para el mundo entero. Todo
esto, sin embargo, no los vuelve obsoletos.
Los pensadores burgueses de la
Ilustración como Montesquieu y Voltaire eran racistas reaccionarios, algunos de
ellos incluso estaban vinculados con el comercio africano de esclavos, y no
obstante Marx y Bolívar estuvieron fascinados de sus ideas capitalistas. La
África revolucionaria ciertamente no está tan fascinada de las ideas fascistas
de Montesquieu y ni siquiera de su filosofía política capitalista.
Sabemos esto y no hay razón alguna para
condenar a cualquier bolivariano o marxista de esa época. Ellos simplemente no
podían saltar sobre sus propias sombras revolucionarias francesas. Pero en el
campo de la emancipación humana ambos revolucionarios, Marx y Bolívar,
trascendieron sus propias debilidades y son millones las personas que los aman
y admiran. Esto vale para nuestras generaciones, para el Presidente Hugo Chávez
Frías y también para las generaciones futuras.
Finalmente, no es un asunto de quién va
primero, de último o si nunca va al socialismo. Marx, Engels, Lenin y Trotsky
afirmaron categóricamente que el socialismo o el comunismo es un modo global
de creatividad, creación y emancipación humana.
Ellos nunca dijeron que el 'Tercer
Mundo' no tiene nada que ver en absoluto con la liberación y con la lucha de
clases: Por lo tanto, toda historia es la historia de la lucha de clases. Esto
lo describieron los pensadores burgueses mucho antes de Marx. El colonialismo
del 'Tercer Mundo' es capitalismo, es lucha de clases.
De hecho, en El Capital, Marx estaba
describiendo el cruel nacimiento del mercado mundial capitalista,
"chorreando de sangre desde la cabeza hasta los pies". Este
triángulo, como lo describió Walter Rodney, originalmente consistía y sigue
consistiendo de tres partes principales: Europa‑África (Asia) ‑América
‑Europa. Ha cambiado mucho a través de los siglos, pero Marx sí explicó
la contribución brutal del África esclavizada, el Asia saqueada y violada, y la
América subyugada a la acumulación perversa de la riqueza y el poder europeos.
Luego fueron marxistas como Ernest Mandel, pero también científicos serios no‑marxistas
quienes, utilizando categorías socialistas, nos facilitaron datos y cuentas
precisas sobre las dimensiones genocidas de este holocausto mental y físico.
Así que, para África o Asia no se
trataba de 'esperar' el día del juicio final. Especialmente en el mundo
colonial, como lo explicó Frantz Fanon, todas las condiciones subjetivas para
la revolución mundial fueron destruidas sistemáticamente por la Europa
capitalista. Todas las relaciones coloniales de tipo amo‑esclavo, todos
los procesos educativos y religiosos fueron dirigidos contra el marxismo,
contra toda forma de anti‑capitalismo y anti‑imperialismo. Hasta
hoy día sufrimos de alienación crónica y somos devorados por este holocausto
mental que llaman la 'civilización cristiana occidental'.
Luego de 500 años de ultra‑colonialismo
portugués y de catolicismo romano en Angola, Mozambique y Guinea‑Bissau,
fueron Agostinho Neto, Samora Machel y Amilcar Cabral quienes tuvieron que
decirnos que no había ni una sola universidad en sus colonias liberadas y que
no había ningún niño africano capaz de dibujar a su propia y querida madre,
salvo con ojos azules, piel blanca y cabello rubio. Además, pintaron en blanco
a todos los ángeles y negro a Chaka y Dingaan, como monstruos salvajes. Esto es
el colmo de la alienación. Con una 'conciencia' de clase como esta, es
imposible entender el marxismo o hacer la revolución mundial en cualquier parte
del globo terráqueo.
3. ¡Dejemos que el
pueblo soberano decida, si el marxismo en Venezuela es obsoleto o no!
Antes de reflexionar políticamente
sobre la relevancia histórica del marxismo en el siglo XXI especialmente para
la Revolución Bolivariana, primero hay que preguntarse: ¿Quién es el hombre?
¿De verdad es el 'parangón de los animales', como dijo Shakespeare, o es
simplemente el 'hombre lobo' de Hobbes?
Antes de culpar a Marx por discriminar
a los mexicanos, los judíos, los indios y los chinos, recojamos algunos puntos
de vista típicos de tinte ideológico y racista en cuanto a la humanidad
explotada y dominada.
Amamos a Marx, amamos a Simón Bolívar y
amamos a Chávez, pero a la verdad la amamos todavía más.
Ya en tiempos prehistóricos, en el
viejo testamento, en las escrituras sagradas, es decir, en Josué, capítulo 9,
aprendimos que el 'pueblo escogido', o sea los israelíes, esclavizaron
oficialmente a los gedeones y los convirtieron en 'leñadores y aguadores para
la congregación':
Josué 9:21, Y los príncipes les
dijeron: Vivan; mas sean leñadores y aguadores para toda la congregación, como
los príncipes les han dicho.
9:23, Vosotros pues ahora sois
malditos, y no faltará de vosotros siervo, y quien corte la leña y saque el
agua para la casa de mi Dios.
En tiempos modernos, durante las eras
europeas eufemísticamente llamadas Ilustración y Razón, maduraron la
discriminación social, el prejuicio racial y el racismo crudo, como reflexión
ideológica del mercado mundial capitalista emergente, que tenía un carácter
discriminatorio y explotador a raíz de su 'cambio desigual'.
Prácticamente nadie fue inmune al racismo
omnipresente, ni pudo escapar de los tentáculos ideológicos letales de la arrogancia
social y religiosa inhumana europeas. Durante los últimos siglos, dentro de la
cultura occidental cristiana, en todos los ámbitos de la vida, la situación
empeoró y se declaró como 'corona de la creación', el macho blanco de cabello rubio
y ojos azules. Gracias a una maravillosa educación y socialización religiosa
europea, el racismo penetró todas las fibras, venas y cromosomas de la
sociedad capitalista.
Hitler tuvo razón cuando dijo: que si
se quiere controlar a un pueblo, entonces hay que controlar su educación. De
hecho, sólo hay que añadir aquí y también su religión.
Los grandes revolucionarios fueron
incluso víctimas de la carnicería masiva de las nuevas relaciones amo‑esclavo
y del adoctrinamiento racista que segregó mujeres y niños de todos los colores,
y que degradó a los nativos de Asia, África, América, el Caribe y Oceanía a
mulas primitivas, o simple carne de cañón, a 'leñadores y aguadores' bíblicos, a
hijos de Ham, a criaturas, las cuales exhibieron en zoológicos europeos como
monos exóticos para que los turistas de la clase media se burlaran de ellos.
En 1848, simultáneamente a la
publicación del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, el aristócrata y
escritor francés, el Conde Joseph‑Arthur de Gobineau (1816‑82) publicó
su manifiesto racial, su teoría racista, en un ensayo llamado Essai sur
Pinegalite des roces (Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas), que
probablemente también afectó a pensadores tan eminentes como lo fueron Marx y
Engels.
Todos somos víctimas de los límites y
de las barreras de nuestro tiempo específico en que vivimos, pero ello no es
una excusa válida para no rectificar errores racistas. Hoy por hoy todavía
existen racistas en Venezuela, que incluso quieren ser presidente.
En aquella época, a mediados del siglo
XIX, cualquiera que afirmara dialécticamente cualquier aspecto o fragmento del
nuevo capitalismo victorioso de carácter explotador y dominante, lógicamente
apoyaba el racismo crudo. Por otro lado, el que negara dialécticamente el
racismo explotador y discriminatorio como lo hizo por ejemplo, la resistencia
indígena contra el colonialismo, ya estaba defendiendo a priori las ideas
humanas del socialismo emergente.
Más tarde, después de haber escrito los
Grundrisse, estudiando el fenómeno de la alienación, cuando publicó El Capital,
Marx debe haberse dado cuenta de qué manera sus ideas racistas heredadas
llegaron a entrar en conflicto con la emancipación humana socialista. Luego
desaparecieron los comentarios racistas de sus cartas y publicaciones. Otros,
como el joven Mussolini, comenzaron como 'socialistas' y finalmente terminaron
como fascistas y racistas radicales.
Sin embargo, como lo dijimos antes, el
racismo no fue un 'pecado juvenil' solamente de Marx; después de un estudio
profundo de todos nuestros fundadores en Asia, África o América Latina nos
sorprendería la cantidad de personajes que fueron víctimas de esta plaga del
apartheid y del sionismo, y que fueron capturados en las garras del racismo
capitalista.
Es importante saber a quién y a qué
trataba y trata de emancipar el socialismo científico y filosófico, es decir,
el marxismo a escala mundial. Marx no quería emancipar a la burguesía o a
cualquier clase media, al contrario, su praxis y teoría son armas en las manos
y en los cerebros de los trabajadores explotados, dominados y discriminados.
El eslogan revolucionario es:
¡Trabajadores del mundo, uníos! Si esto es obsoleto hoy, bueno, entonces no
estamos hablando del marxismo.
Además, ¿quién realmente es un ser
humano, un hombre? ¿Quién tiene 'derechos' humanos? ¿A quiénes se supone que se
liberarán en este planeta?
Como nosotros los venezolanos ya nos
dimos cuenta, desde el punto de vista del racismo metropolitano del norte,
todos los 'negros', 'esclavos', 'recogelatas' y 'latinos', o sea, más del 95% de la 'humanidad', es
decir, más de siete mil millones de personas, nunca pertenecieron (y todavía no
pertenecen) realmente a este epíteto sonoro: la humanidad civilizada y
cristiana. Aunque nosotros los del 'Tercer Mundo' y del sur no lo queremos, no lo creemos y
no lo sabemos, pero lo que está citado aquí es simplemente la 'verdad
verdadera' de nuestro mundo racista, capitalista, imperialista y globalizado,
de nuestra realidad terrenal, corporativa y militarizada.
A través de los siglos fueron muchos
los ideólogos eruditos quienes escribieron 'clásicos' sobre este tema, quienes
confirmaron el carácter social discriminatorio de nuestras relaciones amo‑esclavo
y de nuestro infierno laboral. Enseguida unos ejemplos de este racismo
capitalista.
El marxismo viviente ha descrito en toneladas
de obras que los esclavos de la Antigua Grecia que trabajaban duro en las minas
de plata de Atenas, o que estaban remando en los barcos comerciales en el Mar
Mediterráneo, estaban sirviéndole de esta manera a la acumulación originaria
del capital y no fueron catalogados como zoon politikon. Hasta para Aristóteles
sólo eran 'herramientas que hablan', bárbaros y brutos.
Y para Bush y compañía, para Ratzinger
y compañía ¿qué más son los millones de 'lumpen' en los cerros de Caracas y en
las favelas de Río de Janeiro? ¿Esto es diferente, o más civilizado, o más
cristiano hoy en día?
Esta tradición de deshumanizar las
fuerzas laborales explotadas y empobrecidas históricamente la encontramos en
los puntos de vista de la clase dominante de los grandes pensadores de la
Ilustración, de los fundadores de la Iglesia y de la sociedad burgués-democrático‑capitalista
en general. Más que nunca se hace evidente su perversión en las relaciones
internacionales actuales y en la globalización.
En el Medio Oriente esto culmina actualmente
en una carnicería genocida de millones de árabes y palestinos, que por
capricho son segregados como 'infieles fundamentalistas hediondos a petróleo', y como 'terroristas internacionales'
que viven dentro del 'eje del mal' en Irak e Irán. Cualquier cosa apocalíptica
puede pasar, ante los ojos hipnotizados y miopes de la fuerza laboral
industrializada y de los periodistas oficiales, que ya están eternamente
engañados por las ráfagas ideológicas del señor Murdoch y por una maquinaria
fascista altamente sofisticada, para después echarle la culpa a Bin Laden o a
Hugo Chávez Frías.
Este último ha afirmado una y otra vez
que no estudió al marxismo y que no es marxista. No hay problema en absoluto
con esto. Ninguno de nosotros nació como marxista. Sin embargo, si a las masas
laborales venezolanas, si a las actuales 'herramientas que hablan', si a
nuestros 'parásitos' (Manuel Rosales) se les ocurriese hablar de marxismo, entonces
más vale seguir sus huellas socialistas en la arena galáctica, para no
volvernos obsoletos como los adecos y copeyanos de ayer.
Tres años antes de la publicación del
Manifiesto Comunista, en 1845 en la Ideología Alemana, Marx explicó el papel de
los think tank de la clase dominante que formulan la ideología de una época
específica, por ejemplo las ideas dominantes del respectivo Weltgeist
(espíritu del mundo):
"Las ideas de la clase dominante
son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase
que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su
poder espiritual dominante".
Hoy vale más que nunca esta afirmación,
que niega la discriminación social y el racismo, y que viene de la formulación
de un nuevo método, una nueva ciencia y filosofía para el proletariado mundial.
Los trabajadores físicos e intelectuales abandonados apenas han descubierto e
introducido su formidable arma contra el capitalismo global. Así que ¿cómo
puede ser obsoleto el marxismo?
En 1937, en el advenimiento del nazismo
en Europa y dentro de los principios revolucionarios de la filosofía marxista,
en su bien conocido escrito Los Principios Fundamentales del Marxismo, Karl
Korsch ya nos explicó de qué tiene que ser capaz nacional e internacionalmente
un proletariado con una conciencia de clase en la lucha contra el capitalismo
mundial. Por ahora, apenas hemos comenzado con esta tarea teórico‑práxica
de la revolución mundial contra el globofascismo. Los trabajadores todavía no
han lanzado su verdadero NO global, su verdadera negación revolucionaria del
capitalismo, es decir, el Socialismo Mundial.
El pueblo venezolano, las masas labora